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martes, 20 de septiembre de 2016

¿Está Rusia planeando un Rublo basado en el patrón oro?





Foto: Wikipedia



24 FEBRERO 2015 


(OroyFinanzas.com) – Mucho se está especulando sobre un posible plan de Rusia de crear un rublo basado en el patrón oro, pero lo importante sería saber qué tipo de patrón oro se implementa. La adopción de esta medida podría tener notables consecuencias; detener la caída del rublo, aumentar el poder adquisitivo de Rusia en el extranjero y desafiar la hegemonía del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial.

El un artículo del Instituto Mises, escrito a principios de este mes se explora una posible vuelta al patrón oro en Rusia, así que hemos querido profundizar sobre esta idea añadiendo nuevas noticias desde el punto de vista ruso.

¿Está Rusia planeando una moneda basada en el patrón oro? La “tormenta perfecta” reúne inestabilidad geopolítica, aislamiento diplomático, castigo de los mercados al rublo y el declive económico. Estos hechos han erosionado profundamente la posición internacional de Moscú y posiblemente para mucho tiempo. Sin embargo, son estos mismos factores los que pueden impulsar el liderazgo de Rusia, a nivel mundial, y transformar al país en una potencia indiscutible. Siempre que la moneda rusa estuviera ligada al patrón oro.

¿Qué implicaciones tendría una remonetización del oro y un posible rublo basado en el patrón-oro?

En primer lugar, ¿ese respaldo de la moneda tendría un contravalor del 100% en oro o el porcentaje sería un menor, utilizando una reserva fraccionaria? ¿Cómo podría cambiar la gente sus rublos por oro? ¿Podrían solicitarlo todos los tenedores de rublos o solamente países, Bancos Centrales u otras instituciones o corporaciones?

En realidad estas preguntas son detalles sin importancia, el mero hecho de esa conversión remodelaría el mundo monetario que conocemos en la actualidad planteando importantes desafíos a Occidente.

Primero, durante años, Moscú ha manifestado una nula voluntad de permanecer sujeto a la malla monetaria liderada por EE.UU. y sus aliados de la OTAN y así lo ha declarado públicamente, en más de una ocasión, el asesor económico a largo plazo del presidente Putin, Sergei Glaziev.

Rusia tiene una estrategia muy clara al respecto y está dispuesta a jugar duro frente a Occidente. El pasado mes de noviembre, el gobernador del Banco Central de Rusia tomó la inusual iniciativa de mostrar, ante la prensa internacional, el esfuerzo realizado en la compra de oro físico. Este episodio, que muestra el malestar que provoca la hegemonía del dólar, también puede interpretarse como una presentación pública de los arsenales existentes en caso de una guerra monetaria.

Segundo, y a pesar de la presión internacional, Rusia ha sido muy comedida en las políticas de venta masiva de oro que llevaron a cabo Reino Unido, Francia, España e Italia en la última década para tratar de apuntalar sus maltrechas economías. El entonces primer ministro británico Gordon Brown autorizó, por ejemplo, la venta de 400 toneladas métricas de las reservas del Reino Unido a precios increíblemente bajos.

La sorprendente decisión adoptada por las autoridades rusas, ante la rápida caída del rublo experimentada en diciembre del pasado año, de no tocar las reservas de oro –que ocupan el sexto lugar en la clasificación mundial- deja muy a las claras la posición rusa respecto al oro. De hecho, a finales del mismo mes, las reservas rusas aumentaron en 20.73 toneladas, según datos del FMI, lo que constituía el noveno mes consecutivo en el que se incrementan las compras.

En tercer lugar, aunque la economía rusa es estructuralmente débil no se puede decir lo mismo de los fundamentos monetarios del país. Rusia no es una nación deudora y la mayoría de la deuda que posee es privada. Así que el cambio al patrón oro sería una posibilidad ideal, tanto desde un punto de vista geopolítico como dentro de sus fronteras.

El oro físico ruso representa el 10 % de las reservas de sus divisas. El déficit presupuestario -según una proyección realizada el pasado noviembre- se sitúa en 10.000 millones de dólares lo que representa menos del 1% del PIB. Por otro lado, la tasa de pobreza ha caído del 35% que regía en el año 2001 al 10% en 2010 y se estima que para 2020 el 86% de la población tenga la consideración de clase media.

El artículo presenta la información anterior con el fin de mostrar que la política rusa respecto al oro no es meramente especulativa. Son muchas las señales a ser tenidas en cuenta… y hay una lógica en cada una de ellas.

En realidad, tiene sentido desde un punto de vista geopolítico. La caída de los precios de petróleo parece responsabilidad de los EE.UU. que no quieren que Rusia disponga de un alto poder adquisitivo en el extranjero. Si el precio del crudo cae, también lo hace el rublo.

Sin embargo, si el rublo estuviera respaldado -en todo o en parte- en oro, el continuo declive que pesa sobre la divisa no sería ya un problema. La gente querrá tener rublos porque están respaldados por oro y este comportamiento llevaría aparejada la subida del rublo. Y este mismo comportamiento se extendería a proveedores y distribuidores internacionales.

Si China se sumara a esta idea y también respalda su moneda en oro, el equilibrio actual de poder en el mercado de las divisas seguramente comenzaría a cambiar. Insistimos, todo este escenario va más allá de una razonable especulación. Los BRICS –donde están presentes rusos y chinos- ya han manifestado su malestar con la gestión que realiza Washington con el dólar y, de hecho, están creando sus propias instituciones paralelas al Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM).

La supremacía del dólar está siendo seriamente amenazada con esta sucesión de movimientos, entre otros. Peor aún sería para Occidente -y los EE.UU en particular- si otros países tenedores de bonos en dólares estadounidenses se sintieran tentados en liquidarlos. Esta situación sería una auténtica pesadilla para la Reserva Federal (Fed) y Washington por el temor a que se dispare la inflación y quedara fuera de control.

Con tantas amenazas sobrevolando Rusia, como la actuación Occidental en Ucrania, uno se pregunta por qué las naciones occidentales, lideradas por EE.UU., continúan con sus oscuros proyectos. Da la sensación que los poderes monetarios tienen en mente algo radical que pasa por deshacerse de toda la reserva de dólares.

Nada de esto se hace público, por supuesto. Las maniobras en geopolítica van en una determinada dirección hasta que se logran los resultados deseados. Es “historia dirigida” y su culminación está en el dinero global con el que soñaba Keynes allá por los años 40.

El mundo está, sin duda, en un proceso de cambio peligroso. El oro -a pesar de sus críticos- sigue siendo el dinero metal dominante en el planeta. Así que su rehabilitación en el sistema sería ciertamente posible.


© OroyFinanzas.com




Los bancos centrales como problema


17 de enero de 2013

Publicado en Sistema Digital el 17 de enero de 2013

Un obstáculo posiblemente insuperable para poder salir de la crisis es el actual estatuto y el modo de actuar de la inmensa mayoría de los Bancos centrales. Desde los años ochenta del pasado siglo se fue modificando la naturaleza de casi todos ellos para declararlos independientes del Gobierno (y, en general, de los poderes representativos) y para obligarles a centrar su actividad en la lucha por la estabilidad de los precios. El fundamento de ese “encargo” era puramente ideológico, puesto que no había evidencia solvente alguna (como comentaré enseguida) que permitiera afirmar que eso sería bueno para las economías. Su propósito real no era otro que favorecer aún más a los grandes propietarios de capital. Para justificarlo se decía que los Gobiernos buscan el voto y que para ello aumentan irresponsablemente el gasto público, provocando deuda e inflación, mientras que unos Bancos centrales independientes de esa veleidad política podrían evitar que los precios se disparasen, manteniendo una severa disciplina monetaria que solo así se podría imponer.

Además, se aseguraba que un Banco central independiente tendría mucha más credibilidad y que eso, entre otras cosas, evitaría que los sujetos económicos elaborasen expectativas erradas que al final podrían anular la eficacia de las políticas económicas. Y los defensores más monetaristas de la independencia y la estabilidad de los precios declaraban que si se conseguía esta última se aseguraría también la deseada estabilidad financiera, la que tiene que ver con los flujos de crédito que satisfacen las necesidades de financiación de empresas y consumidores.

Sin embargo, la realidad de los hechos ha sido otra completamente distinta a la prevista por los defensores de los Bancos centrales independientes.

La estabilidad de los precios se ha conseguido en gran medida pero antes de que los Bancos fueran independientes y actuaran como tales, y los estudios empíricos muestran que si bien puede detectarse una cierta relación negativa entre independencia y nivel de inflación, no se puede asegurar que la primera sea la causa que la segunda, ni tampoco que la independencia produzca automáticamente una disminución de los índices de precios.

Además, no se puede olvidar que si bien la etapa de independencia de los Bancos centrales ha estado asociada a baja inflación (aunque no necesariamente por su causa, como acabo de señalar), ésta última se ha manifestado en algunos índices de precios pero no en los relativos a bienes que son determinantes de lo que ocurre en la economía, como la vivienda.

Tampoco ha resultado cierto que la estabilidad en los precios haya llevado consigo la estabilidad financiera, como habían pronosticado los defensores de establecer este objetivo como esencial o único de los Bancos centrales. Todo lo contrario. La etapa de Bancos centrales independientes está igualmente asociada al mayor número de crisis y perturbaciones financieras de toda la historia. Y eso ha sido así porque la estabilidad de los precios mediante las políticas monetarias restrictivas de los Bancos centrales resultaron ser, primero, una bicoca para los propietarios de capital financiero (cuanto más altos son los tipos de interés con la excusa de controlar los precios, mayor rentabilidad reciben). La alta remuneración al capital financiero absorbió una ingente cantidad de recursos que dejó de ir a la actividad productiva. Y más tarde, cuando la estabilidad se consiguió y los tipos se relajaron, la política monetaria relajada de los Bancos centrales favoreció un ingente incremento del crédito, que se unió a esa enorme masa capital financiero provocando burbujas en diferentes ámbitos hasta que estalló en la crisis que estamos viviendo.

Lo que ha ocurrido ha sido algo que la ceguera ideológica y la servidumbre hacia los intereses privados con la que actúan los Bancos centrales les impidió lo evidente: de nada sirve que los Bancos centrales sometan a una severa disciplina la circulación del dinero que ellos crean (que es una mínima parte del total del dinero que circula) si incentivan el crecimiento del dinero que crea la Banca privada.

Como hemos explicado Vicenç Navarro y yo en ‘Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero’, la Banca privada crea mediante la deuda el 95% del dinero circulante, y lo que ha sucedido es que con la excusa de controlar el crecimiento del 5%, los Bancos centrales han permitido que explote el que ha llegado a ser el 95%. Algo que, lógicamente no ha sucedido por casualidad puesto que ha supuesto un enriquecimiento extraordinario de la Banca privada.

Ahora bien. La paradoja es que permitiendo que se genere tanta deuda privada y añadiendo a eso que el salvamento que han realizado de los Bancos privados ha sido a costa de aumentar sus balances en unos nueve billones de dólares, lo que puede ocurrir es que la propia política estabilizadora de los Bancos centrales haya creado la bomba de una hiperinflación futura (y, desde luego, de la nueva crisis financiera que veremos más pronto que tarde).

Y además de eso, la obsesión estabilizadora de los Bancos centrales ha supuesto un obstáculo constante para que los gobiernos pudieran poner en marcha políticas de creación de empleo, algo que, por cierto, también venía muy bien a los grandes capitales, porque con niveles de paro elevados se pueden conseguir más fácilmente condiciones laborales favorables frente a los trabajadores.

Adicionalmente, en algunos Bancos centrales independientes (como el europeo) se impuso también el criterio de que no podrían financiar a los gobiernos, obligándoles a financiarse por la Banca privada a intereses, lógicamente mucho más elevados.

Y, para colmo, los Bancos centrales independientes, que se suponía que iban a ser un ejemplo de credibilidad y de buen hacer, han resultado ser unos vigilantes desastrosos, cuando no corruptos, que han mirado a otro lado cuando se han estado produciendo los desmanes en el sistema financiero. Los inspectores del Banco de España han denunciado en diversas ocasiones la pasividad de los directivos y en otros países se ha podido comprobar igualmente que hicieron oídos sordos a las denuncias de las irregularidades que han provocado la crisis.

Los resultados de todo esto están siendo fatales: la estabilidad de precios, que se estaba consiguiendo o se había conseguido sin necesidad de la independencia, ha pasado a ser utilizada como coartada para imponer políticas monetarias contra el empleo, muy rentables para el capital financiero más improductivo pero generadoras de burbujas, de inestabilidad financiera y de una expansión terrible de la deuda privada, y allí donde los Bancos centrales dejaron de financiar a los gobiernos, también de una gran deuda pública. Además de permitir la comisión de docenas de fraudes bancarios y engaños de todo tipo.

Y todo ello por no hablar del déficit peligroso que supone que algo de tanto interés público como el dinero y la financiación de la economía se gobierne justamente al margen de las preferencias del público.

Es muy difícil, por no decir imposible, que se pueda salir de la crisis con un instrumento tan esencial como los Bancos centrales viciados y desnaturalizados tan solo para favorecer al capital bancario y financiero y que frena constantemente las políticas económico-financieras de los Estados.

Algunos gobiernos empiezan a ser conscientes de ello y toman medidas que deberían servir de ejemplo. El último ha sido el de Japón, que se dispone a intervenir modificando el estatuto y la naturaleza del Banco central para que abandone el objetivo exclusivo de la inflación, para que financie inmediatamente al Gobierno comprando títulos y para que aporte más liquidez a una economía que se encuentra, en gran parte por culpa de la política del Banco central, en situación deflacionaria.

Si hay un lugar en donde eso sería incluso aún más necesario es la Unión Europea. Si no se interviene y se modifican pronto las funciones y el modo de actuar del Banco Central Europeo es seguro que nos quedan por delante muchos años de zozobra y padecimientos.

Juan Torres López es catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política.

domingo, 24 de julio de 2016

El legado de Milton Friedman



31 Julio 2015 / INSTITUTO LIBERTAD.


La Gran Depresión de los EE.UU., que empezó en 1929, fue nefasta para ese país. El “martes negro” -29 de octubre de 1929- el índice Dow Jones cayó en un solo día de 261 a 230. El índice siguió cayendo hasta llegar a 50 en 1933. Para esa fecha, la producción había caído un 30 por ciento en relación a su nivel previo a la crisis. En noviembre de 1934, el desempleo había alcanzado un 23 por ciento. Esta crisis duró unos diez años y no fue sino hasta 1940 que la economía de los EE.UU. empezó a recuperarse.

La teoría cuantitativa, la teoría monetaria del momento, argumentaba que un exceso de la oferta monetaria más allá del necesario para mantener precios estables, se traduce en inflación, en un boom artificial de corto plazo y, en el peor de los casos, en burbujas financieras. Por otra parte, esta misma teoría argumenta que una contracción de la oferta monetaria crea deflación y recesión en el corto plazo. Por lo tanto, ante la deflación que vino acompañada de depresión de la década de 1930, la teoría cuantitativa recomendaba acelerar la tasa de crecimiento de la oferta monetaria hasta el punto de estabilizar los precios. La expansión de la liquidez detendría la caída de los precios y se traduciría en un aumento de la oferta crediticia, lo cual produce un descenso en la tasa de interés y con ello se estimula el crecimiento de la inversión y el empleo. La teoría cuantitativa solo recomienda expansión de la oferta monetaria en caso de deflación.

En la década de 1920 y 1930, no existían estadísticas económicas y se creía que la Reserva Federal de los EE.UU. (FED), siguiendo la recomendación de la teoría cuantitativa, estuvo inyectando liquidez con el fin de acabar con la crisis económica. Sin embargo, a pesar de las políticas de la FED, la crisis se extendió por más de una década. Se culpó a los mercados libres y al capitalismo de la Gran Depresión pero no había teoría económica que explicara las fallas del mercado ni el por qué la supuesta expansión de la oferta monetaria de la FED no rescató a los EEUU de la crisis. ¿Cuál fue el error de la teoría cuantitativa?

En 1936, Keynes publica la obra The General Theory of Employment, Interest, and Money (Teoría general del empleo, el interés y el dinero) donde argumenta que las crisis se originan en fallas del mercado porque hay situaciones en donde no se cumple la Ley de Say; es decir, a veces la demanda agregada (total) es inferior a la oferta agregada (total) y esta diferencia es la que origina la crisis. Según Keynes, es necesario aumentar la demanda agregada hasta que llegue al nivel de la oferta agregada para restaurar el equilibrio y el pleno empleo. En aquel entonces, la política monetaria era el instrumento por excelencia para “estimular” la demanda agregada. La política fiscal era un instrumento desdeñable.

Lo novedoso de Keynes fue su argumentación en favor del uso de la política fiscal para salir de ciertas crisis. Decía Keynes en la Teoría general que hay situaciones donde una expansión de la oferta monetaria no puede restaurar el faltante de la demanda agregada. Esto sucede cuando la tasa de interés del mercado es “muy baja” y cercana a cero. En estos casos, una expansión de la oferta monetaria no puede estimular ni la inversión ni el empleo porque no es posible que la tasa de interés siga bajando. Esto se conoce como la “trampa de la liquidez”. Por tanto, Keynes argumenta que en los casos donde se presente la trampa de la liquidez, es necesario suplir el faltante de demanda con incremento en el gasto público financiado con emisión monetaria. La Teoría General justificó un crecimiento del gasto público y regulaciones en la economía sin precedentes.

Como dijo James Buchanan en el libro Democracy in Deficit (p.44): “La elevación Keynesiana del presupuesto a su posición de instrumento dominante para la política macroeconómica, acompañada de la relegación paralela de política monetaria a un papel secundario, se basó, en gran parte, en la supuesta presencia de la trampa de la liquidez durante periodos de una profunda depresión”.

Milton Friedman y otros economistas argumentaron que la teoría keynesiana tenía errores teóricos fundamentales. Básicamente, Keynes confundió variables reales con nominales. Igual hizo al confundir variables dependientes con independientes; es decir, se le criticaba a Keynes que ponía “el carruaje delante de los caballos” y que mezclaba efectos de corto plazo con el largo plazo. Los economistas sabemos que en general las políticas macroeconómicas tienen efectos distintos tanto en el corto, como en el largo plazo. Cuando a Keynes se le preguntaba por las consecuencias a largo plazo de sus recomendaciones, el eludía la respuesta diciendo que “en el largo plazo todos estaremos muertos”. Friedman explica muy bien estos errores teóricos de Keynes en su obra Price Theory (Teoría de precios). Por ejemplo, durante un periodo deflacionario (caída de los precios) una tasa de interés nominal de “cero” en realidad es una tasa de interés positiva en términos reales. Para Keynes, una tasa de interés nominal de cero es también una tasa de interés real de cero.

Sin embargo, Milton Friedman, fue más allá de la argumentación teórica y reunió evidencia empírica masiva e impresionante que publicó en el libro titulado, escrito junto con Anna Schwartz, A Monetary History of the United States 1867-1960 (Historia monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960). Recordemos que Keynes culpó a las fallas del mercado y a la teoría cuantitativa de la Gran Depresión porque se creía que la FED estuvo aumentando la oferta monetaria durante ese periodo. En esta publicación, Friedman demuestra que durante el periodo de 1929 a 1933 la oferta monetaria de los EEUU, contrario a lo que Keynes y el público creían, se había contraído (no expandido) en un tercio. Según la Teoría cuantitativa, una contracción de la oferta monetaria de esa magnitud produciría todos los fenómenos vistos durante la Gran Depresión. En otras palabras, Friedman demuestra, tanto con teoría como con evidencia empírica, que no existe tal cosa como una insuficiencia de la demanda agregada y que la Gran Depresión de los EE.UU. fue causada, no por fallas del mercado, sino por el mismo Gobierno de los EE.UU. a través de la FED. Friedman demostró que la Gran Depresión había sido un fracaso del Gobierno y de la recién creada FED. Dado que no existe tal cosa como insuficiencia de la demanda, un aumento del gasto público financiado con emisión monetaria solo se traduciría en inflación y en una redistribución del ingreso en favor del burócrata a costa del sector privado.

¿Cómo saber si Friedman tenía razón? Simplemente observando si el cumplimiento de los pronósticos. La teoría prekeynesiana asumía presupuestos equilibrados en el largo plazo, con déficits en periodos de guerra compensados con superávits en periodos de paz. Por su parte, la teoría keynesiana justifica los déficits presupuestarios permanentes como manera de “estimular” la economía para suplir la insuficiencia de la demanda causada por las fallas del mercado. A pesar de que Keynes escribió su obra en 1936, no fue sino a partir de la década de 1960 que los gobiernos empezaron a abandonar la idea de presupuestos equilibrados en el largo plazo y lo sustituyeron por déficits permanentes. Según manifestaba Friedman en la década de 1960, las políticas de “estímulo” keynesianas se traducirían en estanflación; es decir, más inflación acompañada de mayores tasas de desempleo y menores tasas de crecimiento. Según la teoría keynesiana, expresada en la “Curva de Phillips”, una economía puede escoger entre menores tasas de desempleo (mayor crecimiento) a costa de una mayor inflación o bien, una menor inflación a cambio de mayores tasas de desempleo. Para la teoría keynesiana, es imposible la estanflación. En la década de 1970, se cumplió el pronóstico de Friedman, exponiendo y revelando el fracaso de las ideas expuestas en la “Teoría general” de Keynes.

Si está demostrado que Keynes está equivocado tanto desde el punto de vista teórico, empírico, y de su capacidad de pronóstico, ¿por qué se siguen recetando sus políticas de “estímulo”? La respuesta la podemos encontrar quizá en la corrupción de los políticos y burócratas que usan a Keynes para justificar un gasto público creciente y endeudamientos astronómicos. Con las políticas keynesianas de estímulo, los políticos pueden justificar el pago de favor político a los grupos de presión que los llevaron al poder. El legado de Keynes de gasto público creciente favorece a los políticos populistas y a quienes impulsan un estado “benefactor”, socialdemócrata o socialista.

Otro de los grandes legados de Milton Friedman es recordarnos que la “inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”; es decir, solo un aumento de la oferta monetaria que supere el crecimiento de la producción puede crear inflación. Esta idea de Friedman, es contraria a la creencia popular que la inflación es consecuencia del empuje de costos como, por ejemplo, las variaciones del precio del petróleo, el fenómeno de El Niño, la devaluación, etc. Si la inflación es un fenómeno monetario, entonces también es un error creer que el empuje de la demanda agregada, como por ejemplo el déficit fiscal, puede crear inflación. La evidencia empírica en todo el mundo confirma que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario.

Para entender qué causa la inflación, tomemos un ejemplo. ¿Qué pasa con el precio de las papas cuando aumenta su demanda? El precio sube. ¿Qué pasa con el precio de un producto cuando en el mercado existe un exceso de oferta? El precio cae. Así como el precio de cualquier bien o producto viene determinado por su oferta y demanda, de igual manera el precio del dinero -es decir, su poder de compra- viene determinado, también, por su oferta y demanda. Por tanto, el único responsable del aumento de los precios en cualquier país del mundo es el banco central de su país respectivo, porque el instituto emisor es quien tiene el monopolio de la emisión de dinero. No hay nada que impida a un banco central ajustar la oferta monetaria a la demanda de dinero. Por tanto, un banco central cualquiera se puede fijar la meta de inflación que se le antoje y cumplirla; sea -5%, 0% ó 30%.

Si la hipótesis keynesiana fuera cierta de que el estancamiento y la depresión obedecen a una insuficiencia de la demanda, no se podría cumplir el principio de que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Cuando se afirma que una duplicación en la oferta monetaria se traduce en una duplicación de los precios, no solo afirmamos la neutralidad del dinero sino la también la inefectividad de la política monetaria como “estímulo” económico. Cuando Keynes ataca la Ley de Say, está negando la neutralidad del dinero y está afirmando que se puede incrementar la oferta monetaria para “estimular” el empleo y la producción, siempre y cuando exista estancamiento o depresión causado por una insuficiencia de la demanda agregada.

Según Friedman, y la evidencia empírica así lo ha confirmado en todo el mundo, la inflación no es ningún estímulo para la producción. Por el contrario, la estabilidad de precios -inflación nula o cero- es el mejor estímulo para un sano y sostenido crecimiento económico.

Tuve la oportunidad de conocerlo, si mal no recuerdo, en el año 2002 en San Francisco, California. En esa ocasión, Milton Friedman criticó a la FED, que en ese momento recién iniciaba una política de “estímulo”, siguiendo recetas keynesianas. Friedman argumentaba que la expansión de la oferta monetaria de la FED, eventualmente, se traduciría en recesión, contracción económica y desempleo. Su pronóstico se cumplió en el 2008.

Escribir sobre el legado de Milton Friedman tomaría un libro. No solo fue un economista sino un defensor de la libertad individual. Milton Friedman fue galardonado con el Premio Nobel en Economía en 1976, enseñó en la Universidad de Chicago durante 30 años hasta 1976. Luego pasó al Hoover Institution, en la Universidad de Stanford hasta su muerte. Escribió una columna en la revista “Newsweek” por 18 años, publicó libros que se venden por millones, escribió cientos de artículos en medios como “Wall Street Journal”, “New York Times Magazine”, y efectuó innumerables entrevistas, discursos, y debates en el mundo entero. Murió el 16 de noviembre del 2006 y nació un día como hoy, el 31 de julio de 1912.

Publicado el 31/JUL/2015 en el diario La Prensa Libre (Costa Rica):


miércoles, 22 de junio de 2016

Así hundió la economía chilena Salvador Allende, el marxista-leninista al que admira Iglesias


Recesión, hiperinflación, graves problemas de escasez y desabastecimiento, expropiaciones, déficits de dos dígitos...



LIBRE MERCADO.

De acuerdo con el Índice de Populismo que han elaborado TIMBRO y CIVISMO, uno de los rasgos más característicos del populismo es su capacidad para disfrazar su programa autoritario a base de moverse en una aparente indefinición ideológica. En el caso de Pablo Iglesias, esa ambigüedad le ha llevado a describirse alternativamente como "socialdemócrata", "socialista" y "comunista" en el curso de apenas tres años.

El pasado fin de semana, el discurso cambiante del candidato a La Moncloa por Unidos Podemos encontró un nuevo referente en Salvador Allende. Aunque Iglesias se refirió a quien fuera presidente chileno entre 1970 y 1973 como si estuviese hablando de un líder moderado, homologable al ex mandatario uruguayo Pepe Mújica, lo cierto es que Allende se caracterizó por un hondo radicalismo que tuvo nefastas consecuencias.

El genetismo del joven Allende

Ya de joven, Allende había dado muestras de su radicalidad. Por ejemplo, en 1933 publicó una polémica tesis doctoral titulada "Higiene mental y delincuencia". Según el profesor Víctor Farías, dicho documento sostenía que la delincuencia tiene orígenes genéticos. En 2005, el hoy dirigente de Ciudadanos Juan Carlos Girauta escribió en Libertad Digital una reseña del libro con el que Farías sacó a la luz la oscura tesis doctoral de Allende. Girauta afirmó lo siguiente:

Quien sienta algún afecto por la figura de Salvador Allende, es decir, toda la izquierda, está a punto de encontrarse con una desagradable sorpresa, por decirlo suavemente. Recordarán al ex presidente socialista de Chile como el revolucionario mártir que tantos jóvenes lloramos en los años setenta ante las estremecedoras escenas finales de La batalla de Chile, aquella película inacabable que había que ver por trozos.

En realidad, fue un convencido antisemita, un defensor de la predeterminación genética de los delincuentes que extendió su racismo a árabes y gitanos, consideró que los revolucionarios eran psicópatas peligrosos que había que tratar como enfermos mentales, propugnó la penalización de la transmisión de enfermedades venéreas y defendió la esterilización de los alienados mentales. Ideas rechazadas por la opinión pública mundial en pleno, con una sola excepción: la Alemania nazi. Porque Allende defendía estas posturas precisamente en los años treinta.

Años después, como ministro de Salud del gobierno de izquierdas que ocupó el poder en Chile entre 1939 y 1941, Allende elaboró un proyecto de ley que acabó guardado en un cajón debido a la polvareda que levantó. Explicando la fallida propuesta, Allende declaró al diario La Nación que era necesario desarrollar "un trípode legislativo en defensa de la raza" que contemplaba "la esterilización de los alienados mentales". Para ello, contemplaba incluso la creación de tribunales de esterilización, como también dictaban las leyes aprobadas en la Alemania nazi.

El marxismo-leninismo chileno

Como recuerda el libro Una casa dividida, de José Piñera, las ideas y teorías que puso en práctica el Ejecutivo de Salvador Allende nacían de una concepción política contraria a los principios más básicos de la democracia liberal. De hecho, un repaso a su trayectoria y la de su partido revela las convicciones profundamente radicales de aquel movimiento.

Una semana después de la muerte de Joseph Stalin, Allende pronunció un incendiario discurso en Santiago en el que se deshizo en loas al difunto dictador soviético. Pocos días después, Allende pronunció estas palabras en otro acto de partido:


En un período de revolución, el poder político tiene derecho a decidir en el último recurso si las decisiones judiciales se corresponden o no con las altas metas y necesidades históricas de transformación de la sociedad, las que deben tomar absoluta precedencia sobre cualquier otra consideración; en consecuencia, el Ejecutivo tiene el derecho a decidir si lleva a cabo o no los fallos de la Justicia.

En el Congreso Anual de 1965, celebrado en Linares, el Partido Socialista chileno de Allende se definió como "marxista-leninista" y habló abiertamente de "descartar la vía electoral como método para alcanzar el poder". Esta postura se completó con la afirmación de que dicho objetivo debería emplearse "con los métodos y medios que la lucha revolucionaria haga necesarios".

Profundizando en esta línea, el partido de Allende declaró en su Congreso de 1967, celebrado en Chillán, que "la violencia revolucionaria es inevitable y legítima, constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico". La formación señaló también que "sólo destruyendo el aparato democrático-militar del Estado burgués se puede consolidar la revolución socialista" y proclamó que "las formas pacíficas o legales de lucha no conducen por sí mismas al poder".

En aquellos encuentros políticos estaban presentes delegados de los regímenes comunistas de la Unión Soviética. Las alianzas también englobaban a grupos socialistas panarabistas, como el Baath sirio, y por supuesto contaban con lacolaboración entusiasta de la dictadura cubana.

José Piñera recuerda también en su libro que "cuando Allende fue presidente del Senado, expresó en varias ocasiones su apoyo al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un grupo que inició la violencia guerrillera en Chile".

El desastre económico

El monumental estudio de Rudiger Dornbusch y Sebastian Edwards sobre el "populismo macroeconómico" nos permite repasar con detalle el desastre económico que sufrió Chile en la década de 1970. Allende heredó una economía relativamente estancada, con tasas reales de crecimiento que apenas superaban el 1 % en los cuatro años posteriores a su llegada al poder. Tras llegar al poder, el mandatario chileno lanzó un amplio programa de expropiaciones que condujo a la nacionalización de todo tipo de empresas, incluyendo negocios agrícolas, compañías mineras…

Los aumentos salariales dictados por Allende dispararon hasta un 20 % los sueldos, pero esa ilusión artificial acabó siendo devorada por una inflación rampante que, a lo largo de sus tres años de gobierno, redujo significativamente el poder adquisitivo de los sueldos de los trabajadores.

La subida de precios galopaba hasta alcanzar tasas estratosféricas, al hilo de un aumento de la base monetaria del 264 %. Con la inflación desbocada, los precios subieron un 34,5 % en 1971, un 216,7 % en 1972 y un 605,9 % en 1973. Los controles agravaron la situación y los sueldos en 1973 eran ya un 30 % inferiores que en 1970. La tasa de crecimiento se desplomó: de poco sirvió el artificio inflacionista de 1971, con un aumento del PIB del 9 %, porque en 1972 y 1973, Chile entró en recesión.



El desaguisado fiscal del gobierno de Allende fue notable. Aunque su campaña a la presidencia estuvo marcada por una promesa de aumentar la recaudación a base de extraer más recursos de rentas altas y empresas, la cruda realidad es que los ingresos tributarios bajaron del 23,7 % al 20,2 % del PIB mientras que el gasto público creció de forma disparatada del 26,4 % al 44,9 %, disparando del 2,7 % al 24,7 % el déficit de las cuentas de las Administraciones Públicas.

Las reservas internacionales se hundieron de 320 a 36 millones de dólares. La balanza comercial pasó de un superávit de 246 millones a un déficit de 73 millones. El mercado negro se disparó como única forma de escapar el desabastecimiento. En apenas tres años, Allende destrozó la economía chilena.

El colapso político

En agosto de 1973, la Cámara de Diputados se reunió para analizar la insostenible situación que enfrentaba Chile. No se trataba solamente de analizar el hundimiento económico del país, sino también de estudiar los graves episodios que se habían dado en otros ámbitos.

Como recuerda José Piñera, Claudio Orrego, diputado del Partido Demócrata Cristiano, tomó la palabra para denunciar "atropellos reiterados a las resoluciones del Congreso, atropellos reiterados a las atribuciones del Poder Judicial, atropellos reiterados a las facultades de la Fiscalía General de la República, atropellos reiterados a los derechos de ciudadanos y medios de comunicación…". Por el Partido Nacional, el representante Hermógenes Pérez de Arce afirmó que el gobierno de Allende "ha dejado de encuadrarse en la Constitución y la Ley, lo que ha dado lugar a la ilegitimidad del mandato y ejercicio del Presidente de la República".

Por un resultado de 81 votos a favor y 47 en contra, la Cámara declaró que el gobierno de Allende había violado gravemente la Constitución chilena. El 63 % de los diputados acusaban al presidente y su gobierno de veinte violaciones concretas de la Carta Magna, incluyendo el amparo de grupos armados, la tortura, las detenciones ilegales, la mordaza a la prensa libre, la manipulación de la educación, la confiscación de propiedad privada…

El golpe de las Fuerzas Armadas y el suicidio de Salvador Allende pusieron fin a la tormenta política que dejó el marxismo-leninismo en Chile. Sin embargo, la democracia no regresó a Chile hasta la Elección Presidencial de 1989, que desplazó al régimen militar de Augusto Pinochet y restauró la libertad política, que se había quebrado en 1970 y no volvió a ser una realidad hasta dos décadas después.

El despegue de Chile, un triunfo liberal

Desde entonces, la democracia chilena se ha consolidado como una de las más sólidas de América Latina y la economía ha experimentado un importante crecimiento que ha contribuido a reducir la pobreza del 50 % al 7,8 %.


Resulta irónico, por tanto, que Iglesias hable de Allende como un referente, cuando su desastroso paso por el poder arrojó un hundimiento total de la economía y desencadenó una crisis política que no quedó resuelta ni superada hasta la transición de finales de la década de 1980. Por otro lado, también resulta irónico que el líder de Unidos Podemos ignore que el avance de Chile en las últimas décadas es inseparable de un modelo netamente liberal que ha convertido al país latinoamericano en uno de los más capitalistas del mundo, según el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage y CIVISMO.

viernes, 10 de junio de 2016

El monopolio de la banca y la abolición del capitalismo

El monopolio de la banca y la abolición del capitalismo
Por Comstar (01/02/2013), Rankia.

Cualquier liberal sabe que desregular monopolios no lleva al equilibrio de mercado, no ayuda al capitalismo, no permite el libre mercado. Los bancos no compiten entre ellos, funcionan como los engranajes de una máquina y colaboran unos con otros, no como rivales en una competencia, y lo peor de todo es que son un monopolio que controla el dinero y al gobierno.

Competencia

¿Acaso los bancos compiten por clientes? Tu sabes que cuando hay competencia, el beneficiado debería ser el cliente, porque el cliente paga al que cobre más barato y compra al que da la mejor calidad. El inventario de un banco es dinero, y el dinero es sólo un concepto, de modo que no se puede hablar de una mejor calidad del producto. Resulta que la mente humana trabaja mejor con números absolutos y no con números relativos, de modo que a mucha gente le cuesta entender lo que es un porcentaje, y ya no hablemos de lo que es un crecimiento exponencial de intereses sobre intereses, o la diferencia entre una tasa nominal y una tasa neta. Entonces el cliente no puede elegir calidades, y tampoco puede elegir los mejores precios. Cuando ves los anuncios bancarios, no observas que anuncien los mejores precios. Y lo curioso es que tanta gente tenga tarjetas de crédito cuando estas son las que cobran las tasas más usureras en todo el mercado de crédito. Cuando entró Obama a gobernar, los bancos podían pedir dinero prestado a la Reserva Federal a una tasa cercana a 0% y sin embargo los americanos pagaban 46% por sus tarjetas.

Cuando hay competencia, los competidores se desviven por complacer a los clientes. Si pensamos en un español que suscribe una hipoteca, se queda sin empleo debido a la crisis, no puede pagar, el banco le quitan la casa y encima le dejan una deuda, ¿acaso eso es desvivirse por el cliente? ¿Cuál fue el servicio allí?

Intercambio

Resulta que cuando pagas 10 euros por una película en Bluray, en realidad intercambias dinero (que es un concepto) por un riqueza (algo real), y el monto pagado es igual al valor del objeto comprado. Es decir, cambias 10 euros en efectivo por un objeto que vale 10 euros, y entonces ocurre un intercambio. Cuando vas a usar crédito bancario con una tarjeta de crédito, el banco te da 10 euros y debes pagar 10 euros, más la tasa de interés. Es decir, como cliente absorbes una pérdida. Si en la calle te dicen, te cambio 10 euros por 5 euros, ¿aceptarías? Bueno, es el mismo trato que te hace firmar el banco.

En realidad, con los bancos no hay intercambio, el banco te quita dinero a cambio de nada. Los ladrones también hacen eso.

Dicen que nadie obligó al deudor a firmar el contrato de la deuda con el banco. Lo que pasa es que el banco se anuncia como un amigo, y nadie advierte que no son un amigo. Anuncian una buena experiencia para el cliente, pero al final obtienen algo distinto. Ese "algo distinto" es similar a lo que sucede con la trata de personas, donde el traficante promete el cielo y la tierra y pinta las cosas color de rosa, la oportunidad de conocer la pareja ideal o conseguir un empleo en el extranjero, y al final las cosas no eran como las pintaban. El traficante dirá que nadie obligó a esa persona esclava, pero en realidad lo que hubo fue un engaño.

Si te pido que firmes un contrato donde te comprometes a lamerme las botas todos los días con tu lengua, ¿acaso eso no viola tu dignidad como ser humano? En el caso de los contratos bancarios, el deudor no puede hacer cambios en el contrato, lo toma o lo deja, señal de que hay un desequilibrio en el poder de negociación, que no existe en una transacción en un mercado donde hay competencia.

La banca no sigue las reglas de intercambio del capitalismo, donde el empresario produce riqueza (valor agregado, transformación física de insumos inútiles en productos útiles) y se cambia dinero por riqueza y donde el dinero entregado y la riqueza valen lo mismo. La ganancia del empresario viene de la generación de valor agregado, mientras que la ganancia del banco viene de quitarle dinero a la gente.

¿Cómo era que el libre mercado beneficiaba a la gente? Definitivamente la banca no sabe tratar a sus clientes, porque los bancos no intercambian como las empresas productivas, sino que arrebatan como los ladrones.

Colaboración, no competencia

Cuando una empresa está en problemas, los competidores no le ayudan, sino que buscan la manera de aprovecharse y hundirle para conseguir más clientes. Los bancos no se hunden entre ellos, sino que se brindan préstamos interbancarios. Cuando a un banco le falta liquidez para cumplir sus obligaciones, otro banco le presta el dinero. Las tasas de interés para préstamos interbancarios son las que componen el Euribor, y los deudores siempre pagan una tasa más alta que esa, de modo que los intereses de préstamos interbancarios son cobrados a los deudores que subsidian los problemas de liquidez de los bancos. De esta manera no hay un banco que pierda con esos préstamos, sino que es el deudor, el cliente el que pierde, y los bancos trabajan en equipo.

Cuando nadie quiere prestar dinero porque el asunto parece muy riesgoso, entonces acude el banco central. Esto fue lo que le pasó a Long-Term Capital Management, un fondo de cobertura que además de evadir impuestos, incurrió en pérdidas en las cuales nadie quiso rescatarle, y fue el Federal Reserve Bank of New York quien organizó un rescate por $3625 millones en 1998. Tras el rescate Long-Term Capital Management continuó operando y ganó un 10% y luego fue liquidada.

Cuando Obama asumió el poder en enero, la Reserva Federal no quiso ayudar a los tarjetahabientes contra prácticas abusivas de los bancos. No fue sino hasta julio que ya empezó a considerar la limitación de prácticas abusivas, algo que no es "ayudar" sino simplemente poner orden. Reserva Federal estaba del lado de los bancos, siempre lo ha estado, a pesar del mandato que se supone que debe acatar la Reserva Federal: Maximizar el empleo, precios estables y tasas de interés moderadas. Los mandatos fueron expandidos y ahora debe conducir la política monetaria, supervisar y regular bancos, mantener la estabilidad financiera y otros. ¿Acaso las prácticas abusivas están contempladas en los deberes de la Reserva Federal? ¿Por qué ayudó a preservar los abusos si su rol era regular?

Los bancos se ayudan entre ellos, los bancos centrales ayudan a los bancos. ¿Y quien defiende al cliente? ¿Acaso eso es un libre mercado? ¿Acaso eso es capitalismo? Es que bancos y banco central funcionan como si fueran un sólo ente.

Si todo el mundo va a retirar el dinero de un banco, el banco no se queda sin liquidez porque los otros bancos le ayudan con préstamos interbancarios subsidiados por los clientes. Los bancos centrales organizan rescates de entes financieros. ¿Acaso alguno rescata al cliente? Si funcionan como engranajes de un sólo sistema que se defiende a sí mismo en perjuicio del cliente, ¿no es eso un monopolio?

Monopolio

Dicen que hay bancos que son "too big to fail" (demasiado grandes para caer). Cuando hay monopolios, si cae el monopolio, el mercado queda desierto. Eso es precisamente lo que ocurre con la banca. No compiten entre ellos, y al final trabajan como oligopolio, que no es otra cosa que un monopolio disfrazado.

Los monopolios abusan de sus clientes, y eso lo sabe cualquier liberal. Y aparte de abusar, someten a los clientes a un contrato que crea distorsiones legales que evitan que los clientes puedan elegir la mejor opción. Y al final el efecto de eso son expropiaciones que nos recuerdan el régimen comunista. En el régimen comunista te quitaban la propiedad y punto, en el sistema bancario español te quitan la casa y encima te dejan una deuda, señal de que el monopolio bancario es peor que el comunismo.

Cuando vemos las empresas productivas que han sido el motor de la industria y del capitalismo, hay empleos donde se produce algo, se produce el valor agregado. Los empleados públicos no producen valor agregado, no transfoman físicamente un insumo en un producto útil, igual que los banqueros. La banca es en esencia un conglomerado de burócratas que hacen 4 tareas:
  • Convencer gente para que firme contratos
  • Gente que llama por teléfono para que paguen.
  • Gente que administra datos
  • Gente que diseña nuevas formas de contrato

Como ves, un banco es tan productivo y útil como un gobierno, sólo tiene puestos burocráticos. Lo interesante es que el gobierno usó el dinero de la deuda del FMI para rescatar bancos quebrados. El gobierno al servicio de los bancos, burócratas al servicio de burócratas. Empresarios que compran el favor de burócratas. ¿Es el mercado libre de las influencias políticas?

De acuerdo con los nuevos fragmentos de las cuentas del ex tesorero del PP Luis Bárcenas que publicó hoy el diario El País, el 70% de los ingresos registrados entre 1990 y 2008 como donativos vulneraron la ley de financiación de partidos políticos. Bárcenas está procesado por evasión fiscal en el marco del famoso caso “Gürtel”, la trama de corrupción destapada en 2009 que pagaba comisiones al PP a cambio de contratos públicos, principalmente en las regiones de Madrid y Valencia, gobernadas por el PP. Rajoy, que aún no dio la cara, convocó una reunión de la cúpula del PP para mañana y podría dar una rueda de prensa para contener la indignación de los españoles, que ya comenzaron a pedir su dimisión en la calle, en las redes sociales y con la recolección de firmas a través de Change.org, que consiguió más de 300.000 adhesiones en 24 horas, un récord histórico para esta plataforma. También estaban prohibidos los aportes de empresas que hagan servicios o realicen obras para la administración pública. En las cuentas de Bárcenas, las mayores cantidades de dinero proceden de grandes constructoras españolas, que realizaron obras públicas. En la lista destacan los conocidos empresarios como Juan Miguel Villar Mir, presidente de OHL –candidato derrotado en las últimas elecciones a la presidencia del Real Madrid-, y Luis Rivero, ex presidente de Sacyr Vallehermoso, segundo accionista de Repsol, ambos con aportes en torno a los 500.000 euros. Pero los que más dinero otorgaron al PP son el malagueño José Luis Sánchez, fundador y presidente del grupo Sando, con 1,5 millones de euros, y el andaluz Manuel Contreras, de AZVI, con 1 millón de euros. - Más datos sobre corrupción agravan la situación de Rajoy

Cualquiera sabe que no es rentable pedir prestado si la producción de valor agregado no da para cubrir los intereses. Como los bancos no producen nada, los intereses tendrán que ser pagados por los que producen valor agregado, se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas.

La participación de muchos bancos no asegura la competencia. Más bien los bancos comerciales operan como un club exclusivo y adoptan más la forma de oligopolios, pues en sus reuniones secretas, y no tanto, adoptan estrategias comunes. Entre ellos se ponen de acuerdo para apoyar a ciertos personajes que encabecen los ministerios claves y al mismo Fed (sabemos que el Fed no es una institución gubernamental). Ha adoptado más la forma de "merchant banking" y se alejado del concepto tradicional de banca comercial. - Rafael Isás, rankiano.

Lo peor de todo es que son un monopolio que controla el dinero, entrega un monto P y cobra un monto P+I. Y si los bancos extraen el dinero así, entonces ¿de donde sale el dinero para pagar los intereses? Pues sale de otro préstamo y por eso es que la deuda crece y crece. Cuando un país tiene una deuda por encima de su capacidad de producir valor agregado, su deuda será impagable. La deuda es una truculencia matemática sin equivalencia en el mundo físico, que no puede crecer tan rápido en recursos.

El problema que hay es que el dinero esl el tiquete para conseguir todo: casa, comida, entretenimiento. Entonces el monopolio del dinero viene a interrumpir la dinámica del capitalismo, porque evita que las personas tengan lo que ocupan para vivir, y también porque se supone que el dinero debe ser incentivo para trabajar y producir valor agregado, pero el sistema financiero posee mecanismos que permiten ganar dinero sin trabajar. Ya por allí se minan los valores más básicos del capitalismo y se empuja hacia la improductividad.

Si trabajas más, tendrías que ganar más. Así es el capitalismo. Con la banca los que ganan más son los que no trabajan.

En el capitalismo, la rentabilidad es el precio del riesgo, tienes el premio sólo si asumes las consecuencias. "Si lo rompes lo pagas", dice un viejo lema del capitalismo, y el empresario debe enfrentar las consecuencias si quiebra. En la banca, el riesgo lo asume uno, y otro paga las consecuencias (yo lo rompo, tu pagas), se privatiza la ganancia y se socializa la pérdida. Es lo que se conoce como "moral hazard". Se usa el dinero de la empresa productiva para subsidiar a la banca improductiva.

Los intereses son impuestos

¡¡Alerta, liberales!!. Les han disfrazado el improductivo sistema bancario, para que ustedes crean que hay mercado o libre competencia, cuando en realidad es uan estructura tan improductiva como el gobierno. Hay tanta libre competencia y mercado en los bancos como lo hay en el "mercado de los impuestos". Es que los intereses son impuestos disfrazados, con la excepción de que los intereses no van a parar a la obra pública, sino que van a los bolsillos de algunos pocos accionistas y ejecutivos.

El monopolio del dinero es tan poderoso que puede derrocar gobiernos, como ocurrió en Grecia. Si hay algo peor que la intervención del gobierno para el libre mercado, es la intervención bancaria de mercado. Si al menos se nacionalizara la banca, al menos sabríamos que los intereses van a para a obra pública, o se usarían para reducir el déficit. Pero generar déficit para rescatar bancos quebrados, como hizo Zapatero, es el absurdo monopólico más grande de todos. Si eres liberal, cuando pides impuestos más bajos, deberías tambien pedir menores intereses.

El empleo es el mecanismo de distribución de la riqueza del capitalismo. Al dañar al consumidor para rescatar bancos, y la consecuente destrucción del empleo, del nivel de vida y del ingreso de los consumidores, los bancos están aboliendo el capitalismo en Europa y EUA. Los países que están mejorando son aquellos donde el empleo está mejorando, el bienestar de la gente, como base fundamental del capitalismo, y no las desviaciones y distorsiones conceptuales tales como la acumulación improductiva de dinero bancario que prevalecen en el viejo mundo, ni las expropiaciones bancarias a gente productiva, que nos recuerda el comunismo.

La Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) realizada en Santiago de Chile, el 26 y 27 de enero, enfrentó dos mundos: uno asentado sobre un modelo viejo y decadente, que está produciendo una verdadera tragedia en sus pueblos, y otro posible, que está construyendo hacia otro futuro emancipatorio y justo. (...) El viejo mundo europeo llegó al encuentro en momentos de enorme debilidad, perdidos los objetivos de unidad -que parecía indestructible-, en las brumas de imposiciones neoliberales tardías, que están produciendo una verdadera tragedia en sus pueblos, despojados de toda seguridad hacia el futuro, y el otro, este “mundo posible”, pero cierto, que nuestra región está construyendo hacia otro futuro emancipatorio y justo. - Simbolismos de una cumbre