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domingo, 13 de noviembre de 2016

Roberto Centeno: “El mundo será más seguro con Trump”










CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA Y COLABORADOR DE LA CANDIDATURA DE DONALD TRUMP

Roberto Centeno: “El mundo será más seguro con Trump”

Durante la campaña electoral Roberto Centeno ha colaborado con el Partido Republicano de EE.UU. para atraer el voto latino hacia Donald Trump
UNA ENTREVISTA DE ANDER GOYOAGA - Domingo, 13 de Noviembre de 2016 - Actualizado a las 06:03h

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Roberto Centeno
Roberto Centeno (A.Goyoaga)
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  • Roberto Centeno
BILBAO. El tono y el discurso de Roberto Centeno recuerdan irremediablemente al de Donald Trump. Se trata, no obstante, de una persona con mucha más formación que el presidente electo norteamericano: es catedrático de Economía de la Universidad Politécnica de Madrid. Reconoce que en algunos comentarios “se ha pasado siete pueblos”, pero le defiende a capa y espada. Durante las últimas semanas ha colaborado en la campaña electoral con el Partido Republicano, de forma voluntaria, para ayudar al magnate neoyorquino a atraer el voto latino. Aunque sus planteamientos en algunos aspectos pueden resultar para muchos cuando menos irritantes, su posición resulta de gran valor para acercarse a la forma de pensar de quienes rodean al inminente nuevo inquilino de la Casa Blanca y conocer las iniciativas que pretende poner en marcha.
El Frente Nacional francés o Amanecer Dorado han brindado por la victoria de Trump. ¿Ve justo asociar el discurso del líder republicano al de la ultraderecha europea?
-Trump no es ultraderechista, es un patriota nacionalista que quiere hacer América grande de nuevo. No quiso recibir, ni va a hacerlo, a ningún líder ultraderechista europeo, si brindan con champagne o con gaseosa es cosa suya, pero nada tienen que ver con las ideas de Trump. No obstante, tratarán de arrimar el ascua a su sardina. Lo que sí tengo que decir es que gran factor español que ha contribuido a la derrota aplastante de Hillary Clinton ha sido la visita de Sánchez a Washington, le tenía que haber prohibido la entrada porque es el gafe mayor de Europa.
¿No cree que esa imagen de un tipo misógino y racista se corresponda con la realidad?
-Que odia a las mujeres es una estupidez. Que hace once años en un gimnasio hiciese el conocido comentario con respecto a las mujeres y los poderosos puede ser vulgar, soez y lo que se quiera. ¿Cuántos de nosotros entre amigos no hemos presumido alguna vez de que no hay mujer que se nos resista? Esto es un tema que cogió la prensa del establishment, lo hizo primera plana y dio la vuelta al mundo. Su comportamiento real con su mujer dice algo muy diferente. Pablo Iglesias dijo en un tuit que azotaría a una mujer periodista y no fue primera plana de nada. En cuanto al racismo, entiendo que quienes lo dicen no han leído sus declaraciones ante afroamericanos y latinos. Un médico afroamericano va a ser secretario de Salud y una mujer judía que trabajada para Obama será secretaria de Empleo.
Ha acusado a los inmigrantes mexicanos de ser “violadores” y “criminales”…
-Es cierto que Trump se ha pasado siete pueblos con una serie de comentarios, y no ha hecho ni caso a su equipo de campaña, que le pedía moderación. Soy testigo de eso, y se lo comenté a los asesores a través de los que surgió mi colaboración con los republicanos en campaña. Solo hizo caso a sus asesores una vez: en el primer debate con Clinton. Salió mal y a partir de ahí decidió ser él mismo, con sus virtudes y defectos.
Se ha señalado que la suma de una percepción de una ‘identidad genuinamente americana y blanca amenazada’, el empobrecimiento de las clases medias y el clásico apoyo conservador de los votantes ‘republicanos’, además del divorcio entre millones de trabajadores y el Partido Demócrata, han sido los principales factores que han aupado a Trump. ¿Comparte esa visión?
-Lo que ha dado la victoria a Trump es que la gente estaba harta de que en los últimos 30 años el 1% de la población se ha apoderado del 90% de la riqueza generada, estaba harta de sueldos cada vez menores y estaban hartos de que los hijos vivan peor que los padres. Además, los votantes estaban hartos de que colectivos minoritarios y vociferantes impusieran su ley a la mayoría. Y sobre todo no estaban dispuestos a seguir recibiendo una inmigración que estaba destruyendo la esencia del país y que, de seguir así, convertiría a Estados Unidos en un México en una generación: eso le ha dado la victoria a Donald Trump.
Teniendo en cuenta que los mexicanos rondan el 13% en un país de inmigrantes como EE.UU. parece un tanto exagerado. En todo caso, ¿cómo casa esa imagen de un Trump preocupado por la situación de los norteamericanos medios con la de un multimillonario con nula conciencia social y que, entre otras cosas, pretende cargarse la reforma que más ha acercado a EE.UU. a la universalidad de la sanidad?
-Es multimillonario porque lleva trabajando como un bestia desde los 19 años, se ha arruinado y se ha vuelto a levantar, ¡qué tienen que ver! Para él lo importante es el pueblo norteamericano, no ganar dinero, como en el caso de los Clinton que se han llevado 150 millones de dólares ofreciendo “conferencias” que les escribían otros invitados por los grandes de Wall Street.
No se trata de que sea millonario, sino de que un magnate que jamás se ha caracterizado por tener una mínima preocupación por los desfavorecidos se ha presentado de manera oportunista como su gran defensor y al mismo tiempo pretende eliminar los avances sociales más importantes en décadas en EE.UU.
-La reforma sanitaria del Obamacare, se ha quedado a medio camino, y Trump va a mejorarla. El movimiento se demuestra andando. Va a bajar los impuestos un 20% a la clase media y a la clase trabajadora, que pagará así la tercera parte de lo que pagan en España. Además, Trump va a eliminar los impuestos federales a los 72 millones de familias más pobres. Esto es la realidad de lo que hará. La reducción del gasto en armamento permitirá que salgan las cuentas.
Quienes como usted apoyan las posiciones de Trump y se han movido en su entorno político, ¿qué visión tienen de los ocho años de Obama?
-La noche electoral preguntaron a un conocido analista qué recordaría del mandato de Obama, lo pensó un momento y dijo: “que era negro”. Es lo único que se recordará de él, y no porque fuera malvado como Hillary Clinton, es ante todo una buena persona, solo que no ha hecho nada.
Afirma que a nivel de política exterior el mandato de Trump será de mayor estabilidad, ¿qué cabe esperar con respecto a la relación con Rusia o el papel en Oriente Medio?
-Trump es un admirador declarado de Putin, en mi opinión el líder más capaz de occidente, y el presidente ruso también es un admirador de Trump: la paz está asegurada por mucho tiempo. El primer paso no será militar, sino comercial. Putin quiere negociar con Trump el levantamiento del embargo impuesto por la cuestión de Crimea. Además, Trump ha dicho a Arabia Saudí y a Qatar que deben cortar de raíz su financiación al EI o atenerse a las consecuencias. Lo más probable es que sea una coalición ruso-norteamericana la que aniquile definitivamente al EI, lo que dará un golpe de muerte al terrorismo yihadista.
¿Es creíble pensar que el nuevo presidente electo es una persona comprometida con la paz y no un riesgo para la seguridad en el planeta que echará más gasolina al fuego?
-Es totalmente creíble, aniquilado al EI, que es una prioridad absoluta, Trump retirará la mayor parte de sus tropas del resto del mundo y quiere liquidar la OTAN, una institución que ve como una reliquia de la Guerra Fría sin justificación. Trump volverá a la filosofía de los padres fundadores, como Washington o Jefferson, de no intervenir en los asuntos internos de otros países si no eran una amenaza directa para los EE.UU. No va a realizar alianzas permanentes como la OTAN, sino solo puntuales como la que tuvo Roosvelt con Stalin para derrotar a Hitler. El mundo y Europa serán un lugar mucho más seguro con Trump. Si llega, y llegará, a un acuerdo con Putin, ¿quién va a amenazarnos?
¿Cómo afectará a Europa la llegada de Trump y su eventual apuesta por un mayor proteccionismo?
-A Europa no estoy seguro, pero a España enormemente, y para bien. La desinformación en España es tan brutal que nadie ha caído en la cuenta de que la medida estrella de Trump es la repetición del New Deal de Roosevelt en los años 30 con un programa gigante de infraestructuras, y que la primera empresa norteamericana en construcción de infraestructuras es ACS-Hofftieh. Florentino Pérez va a ser la persona más beneficiada por la política económica de Trump. Pero es que la segunda empresa es Ferrovial y la tercera OHL. Gran parte del plan de infraestructuras de Trump se lo llevarán sin duda empresas afincadas en EE.UU., pero españolas.

martes, 18 de octubre de 2016

Capitalismo, banquerismo y globalización




El capitalismo produce bienes y servicios en un mercado libre relativo mediante la interacción de individuos y empresas a través de la fijación de precios con la ley de la oferta y la demanda. El capitalismo necesita generar beneficios mediante los márgenes de ganancia que tiene al transformar bienes y servicios con unos costes de producción y venderlos en el mercado con un precio superior a dichos costes, para tener rentabilidad. Esta puede ser una sucinta y precisa definición de dicho concepto.





Los marxistas definen la plusvalía como el excedente de valor-trabajo que realizan los trabajadores y que es remunerado por debajo del salario, cuestión que debaten, lo cual es una falacia pues el coste de la mano de obra (factor trabajo) siempre será inferior al valor-producto de dicho factor para que la empresa tenga beneficios y su pago se ajusta mediante convenios colectivos o relación personal entre patrón - trabajador. Muy desatinadamente Marx afirmaba que los proletarios deberían hacer una revolución para establecer un sistema económico que fuera colectivamente controlado mediante el Estado para erradicar la explotación del capitalista frente a las clases menos pudientes y más perjudicadas por el avance del capitalismo, los proletarios. Esta infamia dialéctica sigue persistiendo en el tiempo y mucha gente piensa que la mejor forma de solucionar el problema económico entre las personas sería que el Estado controlase las empresas, la producción, la actividad económica quitando a los propietarios la propiedad de sus bienes, al igual que se practica actualmente en Corea del Norte con el modelo estalinista. La experiencia marxista en todos los lugares en que se ha desarrollado ha significado un sistema fallido, donde se ha esparcido la miseria entre la población mediante un gobierno totalitario - dictador que se ha enriquecido desde el poder desamparando al pueblo y gobernando de espaldas a él.

Sin embargo, el vocablo capitalismo es antiguo y poco definitorio de la realidad económica a lo largo de los 250 años en el que el término irrumpió después de abandonar los Estados el mercantilismo.

En un principio el sistema capitalista produjo la atracción de personas del ambiente rural que habían sido desplazados a la ciudad debido a que los campesinos y artesanos se vieron despojados de su forma de vida al obtenerse en fábricas a menor coste los útiles que ellos manufacturaban por sí mismos e intercambiaban y vendían en las aldeas en ferias y que fueron decayendo al construirse talleres artesanales, fábricas de telares, en un principio, que proporcionaban esos productos mucho más baratos debido a la producción a  gran escala.

Durante todo el siglo XIX, los capitalistas aumentaron sus ganancias introduciendo mejoras en los medios de producción. Sin embargo, las largas jornadas de 13 – 15 horas diarias, el trabajo infantil, la exposición a productos químicos y a la manipulación de equipos peligrosos sin ninguna seguridad de uso, dibujaron un panorama deprimente para aquellos trabajadores languidecidos teniendo en cuenta que los salarios percibidos no tenían aumentos, mientras que se incrementaban los precios de los productos que se manufacturaban, lo cual incrementaba el pauperismo y la miseria de las clases proletarias, al disminuir su renta con el paso del tiempo.

Hasta la crisis de 1929 el sistema económico se denominaba laissez faire



Se trataba de la ideología económica preconizada desde el siglo XVIII por Adam Smith y David Ricardo, que significaba en esencia: mercado libre, librecambismo comercial y no injerencia del Estado en asuntos económicos. El sistema había funcionado bien para las clases acomodadas y para el desarrollo económico en general, no así para las masas proletarias. De ahí el surgimiento de críticas desde las posiciones socialistas (utópica y marxista) y anarquista hacia el capitalismo. Sin embargo, en los mercados, los agentes más poderosos económicamente siempre tienen ventaja sobre los demás miembros de la sociedad y pueden imponer sus precios y sus salarios, si el tamaño de su empresa es muy grande. Y así es como fue, dado que, si bien en el siglo XVIII en Gran Bretaña cuando empezaron a construirse las primeras fábricas en los albores de la 1ª Revolución Industrial existía competencia múltiple entre los diferentes telares (primeras factorías típicas de la época), el poder financiero concentrado logró acumular algunos sectores productivos hundiendo a la competencia, lo que les confirió poder oligopólico dentro del mercado. El concepto smithsiano-ricardiano de competencia perfecta, que es el existente cuando se ofrece en un mercado de productos de origen artesanal en las ferias, donde el precio y la calidad de los productos son parecidos y el público tiende a comprar a cualquier vendedor pues son productos sin manipulación ni diferencia especial (quesos y chorizos caseros, frutas, telas artesanales,…) es algo que existe muy raramente en la actualidad por la especialización de los productos, la marca y la diferenciación de muchos tipos. Por lo tanto, toda la teoría clásica capitalista del laissez faire estaba basada en un enfoque de desconocimiento de la existencia de compañías multinacionales o transnacionales que hacen distorsionar el mercado intentando conseguir oligopolios que desplazan a otras empresas más pequeñas o con menor capacidad.

Las conquistas sociales hicieron que se redujeran las jornadas laborales a partir del siglo XX en los países occidentales y que las condiciones de trabajo fueran mejores. Durante la 2ª mitad del siglo XX después de la crisis de 1929, se adoptó un modelo denominado Estado del Bienestar a partir de 1946, donde se intentó concebir un sistema de Estado que conjugase capitalismo, bienestar social y democracia a partir de las tesis de John M. Keynes, padre de la macroeconomía. Ya desde 1933, F. D. Roosevelt había tomado medidas políticas para acabar con la ideología económica del laissez faire que se había visto totalmente inoperativa tras la anterior presidencia de Herbert Hoover, quién "dejó hacer y dejó de hacer". Roosevelt adoptó las ideas de Keynes y participó en varias acciones encaminadas a acabar con la Gran Depresión, tales como, separar la banca comercial de la de inversión, Ley Glass-Steagall, mayores impuestos a los ricos, realizar un esfuerzo por acometer obras públicas para incrementar el flujo de la demanda agregada y realizar la confiscación de todo el oro de los ciudadanos americanos para incrementar las reservas del país (que seguía con el patrón oro), práctica de ideas quizás confiscatorias, la Executive Order 6102. Sus frutos son discutibles pues en 1937 llegó otra recesión, pero la idea empezó a calar entre la población: el Estado necesita intervenir en la economía, dictando leyes y corrigiendo los desmanes del capitalismo de la ley de la selva (mercado absolutamente libre), donde unos cuantos actores tienen un dominio muy superior al resto de los que constituyen el mercado, siendo esos agentes económicos una minúscula parte de la población.

El sistema de reserva federal americano (FED) no advirtió, ni se percató de la grave crisis que se originó en el año 1929 debida a la avaricia de la sociedad en general para invertir en bolsa incluso pidiendo préstamos para comprar acciones en los últimos años. A pesar de que la responsabilidad de la crisis se achacó en un principio a toda la ciudadanía, muchos economistas exponen responsabilidades a los gobernadores de los diversos bancos centrales del sistema de reserva, pues se podía haber observado la burbuja especulativa que existía promocionada por los bajos tipos de interés de años atrás y a especuladores o banqueros que tenían gran capacidad para mover capitales y de esta forma aprovecharse de la caída de la bolsa para apoderarse de muchas fábricas y bienes de los ciudadanos a través de su miseria.  Seguramente no se hizo de mala fe por parte de las autoridades del sistema de reserva federal, pero puede existir la sospecha de que existían intereses ocultos plutocráticos en conseguir llevar al mercado a una quiebra y máxime sabiendo que los verdaderos propietarios de los bancos adscritos al sistema de reserva federal eran banqueros internacionales guiados únicamente por el lema de “maximizar beneficios allá dónde sea y cómo sea”, no importándoles que el resto perdiese todo su capital en dicha crisis, pues la ganancia de unos pocos significó la ruina o la decadencia del resto. Evidentemente todos los gobernadores de dicho sistema de banca central eran gente elegida por sus propietarios. En 16 años de existencia, el 3er. banco central privado de EEUU había quebrado todo el sistema financiero no solo de ese país sino de muchas economías occidentales. Esa Gran Depresión preparó movimientos comunistas y fascistoides en todo el mundo y prendió la mecha de una nueva guerra mundial.

A pesar del aparente entierro del laissez faire con Roosevelt y experimentar un nuevo tipo de política económica mundial con los acuerdos de Bretton Woods desde 1944, donde el patrón oro se cambió por el patrón cambio-oro, siendo el dólar la moneda mundial, en 1971 Richard Nixon decidió cambiar unilateralmente las reglas de juego económicas, animado por las ideas monetaristas de la Escuela de Chicago de Milton Friedman y creó el dólar respaldado por la Reserva Federal (dinero fiduciario). Esto se debió a que la creciente salida de oro de EEUU disminuyó severamente las reservas y aunque a EEUU no le importaba tener déficits comerciales mientras su moneda tuviera el control del sistema financiero, este cambio afectó a la economía durante una década de manera seria, apareciendo estancamiento (no crecimiento) e inflación (estanflación) así como desempleo, algo que no figuraba en los escenarios de la “Teoría General” de Keynes.

La razón de la buena marcha económica entre 1945 y 1973 fue debida, a mi juicio, a dos razones fundamentales:

  • La industria petrolera estaba mayormente en manos occidentales y el precio estaba contenido, por lo que se desarrolló el Estado del Bienestar keynesiano permitiendo la sociedad de consumo. En 1973, EEUU ya tenía dependencia petrolera de terceros países y a raíz de una guerra entre varios países árabes e Israel (guerra de Yom Kippur), la OPEP determinó hacer embargo petrolero, sobre todo, a EEUU y Holanda por el apoyo a Israel. Esto contribuyó a desequilibrar las economías occidentales pues el precio del petróleo se llegó a cuadriplicar en poco tiempo.


  • Existía la paridad entre el patrón cambio - oro por dólar y el comercio tenía ese equilibrio. Sin él se contribuyó a establecer la economía especulativa gracias a los cambios de tipo flotantes y a encauzar a la economía hacia el banquerismo, y a desvincularse de la economía real, la productiva, empezando a surgir nuevos productos financieros que eran más lucrativos para los plutócratas que tener participaciones en empresas. Además, es de sobra conocido que un Rothschild afirmó una vez que “no hay nada más seguro que prestar a los Estados pues el impago nunca se produce”. Esa es la razón motivante para el establecimiento de bancas centrales por parte de los plutócratas, asegurarse flujos continuos de capital e intereses mediante el préstamo a los Estados, que es mucho más seguro que prestar a particulares y empresas, pues las bancas asociadas a los bancos centrales son propiedad de los banqueros “servidores” del Estado; realmente son los bancos centrales los que descaradamente se nutren del Estado, es decir, de los ciudadanos en general, pues la banca central privada no deja de ser un conglomerado de bancas que cobran un interés al Estado por realizar préstamos en condiciones monopolísticas.
  • El Estado participó e intervino en la economía proponiendo el bienestar social dentro de la democracia y el capitalismo en contraposición a la idea del mercado libre del laissez faire. Un estadio intermedio entre capitalismo de libre mercado y economía socialista es el de economía mixta.

Sin embargo, EEUU desempeñó mal el papel que tenía reservado de imprenta mundial de dólares, abandonándose a comprar al exterior, creando dólares sin centrarse en la producción de mercancías en el interior, así como realizar guerras costosas que, en el fondo, las financiaban el resto de países a través del sistema financiero. Cuando De Gaulle acudió a EEUU a realizar un cambio de dólares para recibir oro, se encontró que la “despensa” de Fort Knox estaba vacía. O al menos eso es lo que se cuenta.

Ronald W. Reagan y Margaret Thatcher comenzaron la revolución neoliberal, aduciendo que el Estado se había convertido en el “problema” al haberse estancado con las políticas keynesianas agarrotando la capacidad productiva de los mercados.

Las medidas consideradas por Reagan fueron fundamentalmente:

  • Reducir el gasto público. Con matices, pues se disparó dicho gasto en defensa… hecho que contribuyó a aumentar la demanda agregada paradójicamente. Y eso es una política keynesiana…

  • Reducir los tipos marginales de los impuestos que gravaban el trabajo y el capital (Impuesto sobre la renta e Impuesto sobre las ganancias de capital). Sin embargo, los impuestos que se gravaban a las rentas más altas se habían  situado sobre el 90 % durante la II Guerra Mundial. Con Reagan ya estaba en el 70 % y pasó al 28 % durante sus 2 gobiernos. Como se ve, las clases populares empezaron a pagar más impuestos comparativamente a las rentas más elevadas.



El hombre es un animal que cae y tropieza en la misma piedra más de una vez. Tras la década por el desierto (1973 – 1982) donde cada vez se cuestionaba más el capitalismo debido al aumento del nivel de desempleo y la inflación en los países occidentales, (la famosa estanflación que no aparecía en la Biblia de Keynes) Reagan y Thatcher logran enderezar las economías a partir de 1983 – 1984, haciendo un plan de choque. En 1985 el keynesianismo estaba prácticamente muerto. En 1981 George W. Bush, aspirante republicano afirmaba de los planteamientos de Reagan que era un "vudú económico". Gracias a Paul Volcker, presidente de la FED de entonces y tras aplicar una política restrictiva del crédito con elevación de tipos de interés, que acarreó la recesión de 1982, a partir del siguiente año se consiguió ir reduciendo la inflación, disminuir el desempleo, y crecer de forma espectacular.

Tras las políticas de desregulación de sucesivos presidentes, Bill Clinton (unir la banca comercial y de inversión que había sido separada por Roosevelt) que fomentó la formación de la burbuja inmobiliaria-crediticia, junto con el intervencionismo y aumento del peso estatal de George Bush Jr., quien se dedicó a salvar bancos mediante dinero del contribuyente, nos encontramos en una crisis aguda, la Gran Recesión que comenzó en 2008 con la caída del sistema bancario-financiero en EEUU. Y es que socializar pérdidas por el pueblo y capitalizar ganancias de forma privada no es una concepción capitalista, sino de naturaleza corporatocrática corruptoide a través de pactos colusorios gobiernos-plutócratas.

Hemos visto las diferentes acepciones de capitalismo desde los diferentes contextos históricos: un laissez faire decimonónico con un patrón oro dominado por la libra esterlina en pleno auge del Imperio Británico; después, un intervencionismo estatal para corregir las fallas del mercado según las tesis keynesianas y realizar una redistribución de las rentas para que sean más equitativas y sostener el estado social de las capas más desfavorecidas tras el crack del ‘29; luego, un nuevo resurgir de la idea del laissez faire trasnochada que revitalizó EEUU en la época de Reagan, por una serie de ajustes acertados que consiguieron vencer la peligrosa estanflación; en la actualidad vivimos aún una situación de banquerismo colapsado por activos tóxicos donde las bancas centrales bombean altas inyecciones monetarias a los bancos y donde no acaban de prestar a ciudadanos y empresas pues la situación es todavía de entorno recesivo y de recelo.

Defino banquerismo a la anómala situación financiera por la cual en la economía predomina el sector financiero frente a sectores de la economía productiva que generan riqueza en la economía real: producción de bienes y servicios a través de industrias y profesiones liberales en la economía privada. Es sencillo de entender: los bancos ganan más realizando inversiones en activos financieros, derivados, que en tomar acciones sobre empresas, por la rentabilidad y el riesgo. Sin embargo, esta situación se ha producido precisamente por dejar crecer tanto a la banca en detrimento de otras actividades que generan riqueza en le economía de verdad. La banquerización de la economía ha ocasionado el incremento vertiginoso de la deuda pública, el apalancamiento excesivo de las empresas ante la inestabilidad de los mercados y el cierre del grifo del crédito, el empobrecimiento de las clases medias, el aumento de impuestos para que los gobiernos puedan pagar los desmanes de la banca, la disminución del Estado del Bienestar con recortes en prestaciones sociales conseguidos hace muchos años,...

Se debe tener en cuenta que un banco es un intermediario financiero, no crea productos ni servicios, solo da dinero prestado que hay que devolver, o custodia depósitos de clientes con un coeficiente de reserva no pudiendo disponer de la solvencia absoluta dado que no puede simultáneamente devolver a los clientes el dinero que han depositado, pudiendo llegar a quebrar si ningún gobierno u otro banco, le rescata como pasó con Lethman Brothers. Por tanto, un banco podría tratarse de un medio para conseguir activos prestados para conseguir flujos dinerarios a corto o largo plazo en las empresas o particulares, pero un banco no produce nada, solo deuda en los clientes, en las empresas y en los Estados. Deuda que hay que pagar o en caso contrario, el banco quitará la propiedad del bien hipotecado o reclamará la cantidad de dinero adeudado siempre y cuando existan garantías en los clientes para ese pago o el bien reclamado tenga el valor suficiente para sufragar el coste del impago.

Uno de los monopolios que poseen los bancos es la creación del dinero bancario mediante el multiplicador monetario a través del coeficiente de caja o de reserva. Un banco, como ya se ha comentado en numerosas entradas, tiene la capacidad de prestar dinero a través de los depósitos de los clientes en un sistema de banca de reserva fraccional, que es el mayoritario en el mundo. Esto quiere decir que si el coeficiente de reservas es del 10 %, y un depositante ingresa 1.000 €, sucede lo siguiente en sucesivos préstamos por el total de cada depósito subsiguiente con las reservas de cada cantidad:



Manteniendo un determinado coeficiente de reserva podemos obtener más dinero bancario en préstamos a particulares, empresas y al Estado. Cuanto más bajo sea el coeficiente de reserva más posibilidades de insolvencia tendrá ese banco y más expansión hará del crédito, dinero bancario generado de la nada como puede observarse pero que está legalmente constituido por los bancos con la supervisión tanto de los bancos centrales como del Estado que garantiza ese status quo. En general, los bancos tienen un coeficiente de caja estipulado por su banco central.

El banquerismo que ha ejercido un crecimiento exponencial en años previos a la gran recesión de 2008 en definitiva es debido a las causas enumeradas, que se resumen:

  • Desaparición del tipo fijo de cambio patrón – oro gracias a los consejos de Milton Friedman a Richard Nixon en 1971.
  • Desregulación financiera, que comenzó con la disminución de los impuestos a los ricos en la era Reagan, creyendo que “si los ricos pagan menos, favorecerán la economía”, lo cual significa una falacia, pues lo único que propicia es la desigualdad al soportar las clases más desfavorecidas el sostenimiento de las cargas impositivas y la desincentivación del emprendimiento dentro de esas clases sociales. 
  • Aparición de objetos financieros de naturaleza extremadamente compleja, como los mercados de derivados, que crean una inseguridad y un riesgo añadido en manos no expertas de estos productos (Warren Buffet no los entiende).
  • Oscurantismo de las bancas centrales a la hora de marcar los tipos de interés que han resultado desacompasados y han marcado ritmos de inversión equívocos y errantes. El tipo de interés de los bancos centrales fue fijado de manera alarmantemente peligrosa,  generando un incremento no deseado de hipotecas y créditos a personas que no tenían capacidad de devolución dado que los objetivos marcados por los bancos era mejorar el balance de años anteriores y ante tipos bajos no hubo otra forma que realizar un mayor número de préstamos que no deberían haberse realizado. Hubo avaricia desmedida en los directores y propietarios bancarios que ocasionó la burbuja inmobiliaria-crediticia.
  • Los bancos intentaron realizar expansiones de sus negocios realizando préstamos sin contar con ningún respaldo en reservas y con unos coeficientes de caja en EEUU entre 0,5 y 1 %, en la época de los tipos bajos, entre 2001 y 2004 que es cuando se sembró la crisis a futuro.
La corriente capitalista que aboga por la globalización se sintetiza en la siguiente frase: “Constelación de centros con fuerte poder económico y fines lucrativos, unidos por intereses paralelos, cuyas decisiones dominan los mercados mundiales, especialmente los financieros, usando la más avanzada tecnología y aprovechando la ausencia o debilidad de medidas reguladoras y de controles públicos”. Frase escrita por José Luis Sampedro, en su libro El mercado y la globalización (2002).

El neocapitalismo de la mundialización se caracteriza por un fuerte poder financiero que intenta debilitar a los Estados y trasladar sus factorías a lugares donde se permitan costes laborales esclavistas para aprovecharse de la escasa regulación pública y desposeer a la población local de la posibilidad de crear sociedades de consumo que permitan salir de la pobreza y quitar del mercado a la competencia local, lo que trae consigo la descapitalización de esos lugares donde los mundialistas compran a los gobiernos y someten a la población a la semiesclavitud como también se puede comprobar en los países de occidente donde se ha deslocalizado la producción buscando el “máximo beneficio” en esos lugares donde los sueldos y las condiciones pueden ser tan míseras como en el siglo XIX, buscando lugares donde tengan que pagar menos impuestos, salarios fuera de los márgenes de la OIT, trabajo infantil e incluso esclavo y no permitan el desarrollo de los pueblos sometidos a la dictadura del capitalismo financiero avaricioso y depredador.




La mundialización es también un problema de existencia de gobiernos corruptos, comprados por los plutócratas financieros para permitir que sus ciudadanos sean esclavos de una compañías que se asientan en su país para parasitar la economía, mientras los burócratas del gobierno reciben dinero, que son los únicos beneficiados de este grave expolio, que no solo repercute en las naciones que acogen este tipo de producción esclavista sino que ocasiona desempleo y malestar en los países donde se han deslocalizado las empresas. Para justificar estas acciones inhumanas y propias de gente ruin y malhechora del bienestar mundial, luego algún economista o político en los países occidentales intenta explicar que “nuestro sistema del Estado del Bienestar debe reducirse", recortando ayudas necesarias para la población que pierde sus trabajos o no lo encuentra, incidiendo en que en las crisis “todos hemos tenido la culpa pues todos vivíamos por encima de nuestras posibilidades” y que "el Estado no debe pagar a vagos e inútiles", cuando la cruda realidad es que gente de mucha valía, conocimiento y experiencia han quedado apeados del mundo laboral. Esos son los argumentos que nos vierten, y algunos se los creen. Una mentira citada 1.000 veces se convierte en verdad para ciertas personas.

En definitiva, el capitalismo de los años ‘60 en EEUU era un ejemplo de cuan bien habían funcionado las políticas keynesianas, de control por parte del Estado del sistema bancario y del pago de impuestos por parte de los más ricos junto con un sistema monetario donde el dólar estaba anclado en el oro y no existían posibilidades de realizar experimentos monetaristas para agrandar con libre flotación la divisa, como sucede ahora con el fenómeno de expansión de la masa monetaria, que desde los años ‘70 tras el shock de Nixon ha visto como la deuda pública americana ha crecido de manera exponencial en la misma medida en que el banquerismo se ha desarrollado en contra de la economía real, que es la que da bienestar al ciudadano.

Los grandes capitalistas actuales son unos usureros de la rapiña, vendidos a su idea de controlar a los gobiernos a través de las bancas centrales, ejemplos centralizadores de poder al igual que los soviets comunistas. Capaces de destruir naciones enteras para salvar su sistema bancario, como ha ocurrido con Grecia y donde se vio como la banca primero trampeó la entrada en la UE para luego desvalijarla a trozos. Desgraciadamente el pensamiento monocolor en la política que está totalmente controlada por esta mafia inmunda que desprecia a la humanidad, como son los banskters, es una consecuencia del poder e influencia de estas familias banqueras que piensan en el mundo como si fuera de su propiedad y planifican cuál debe ser el número de personas que pierdan su empleo y su bienestar para favorecer al suyo propio, que no es otro que apropiarse del mayor número posible de propiedades, fábricas y dinero cada vez que sucede una crisis, aunque sus propios bancos hayan quebrado técnicamente, pues la colusión plutócratas-oligarcas y gobiernos se ha visto perfectamente tras esta crisis que todavía no ha finalizado.

¿Cuál sería el capitalismo benefactor que consiguiese la capitalización mundial? Es muy fácil…

Desplazarse a otros lugares e instalar una fábrica, pagando sueldos adecuados al nivel de vida local suficiente para que los trabajadores pudieran mantener un nivel de vida tal y como occidente. La fábrica no perdería dinero con márgenes razonables, simplemente no se aprovecharía de la avaricia de los capitalistas destruye-economías. 

Esas personas contratadas de acuerdo a sueldos razonables, al tener capacidad de ahorro y de compra, podrían poseer los productos que allí se fabrican, pues con el sistema actual de depredadores financieros, los trabajadores cobran una miseria y los productos no se venden allí pues no existe capacidad adquisitiva. Los márgenes en costes laborales de las fábricas se deberían corresponder al nivel de occidente de acuerdo a la equivalencia entre salarios, coste de vida y renta en el país desplazado. E incluso el capitalista benefactor podría permitirse el lujo de pagar por encima de la media marcada por las leyes del país a los trabajadores, pues pudiera darse el caso de que se trata de un país con un régimen dictatorial donde el propio Estado paga unas cantidades ridículas a sus empleados. Y reitero, no se arruinaría. Fomentaría el despegue del capitalismo a nivel mundial, no un mundo de escasez promovido por capitalistas ruines y avariciosos que intentan arruinar a todos los demás menos a ellos mismos. 

De esta forma, se habría ganado un mercado para satisfacer la demanda de las fábricas instaladas y no se tendría que deslocalizar la producción de países occidentales, pues esa filial vendería el mismo producto en su área regional, mientras que la de occidente lo haría en la suya propia.

El capitalista benefactor, al final, ganaría más a largo plazo pues dispondría de más mercados para vender sus productos y disminuiría la pobreza a nivel mundial en lugar de empobrecer a todos menos a unos cuantos, como ahora.

Esto como ven es la antítesis de lo que practican los usureros financieros y otros “capitalistas” que pretenden destruir la economía del bienestar en occidente, cerrando fábricas para “maximizar beneficios” en lugares donde se pueda pagar una miseria con la colaboración del gobierno de turno tras haber comprado su “silencio” o su “colaboración”.

La película “1984 – George Orwell” nos hablaba de un fascismo-totalitarismo de partido único mitad hitleriano, mitad estalinista. Lo que a nadie se le ocurrió es que iba a llegar un fascismo que ya está ocurriendo y tiene un nombre “globalización de las élites para destruir a los ciudadanos a través de sus armas financieras”, más conocido como Nuevo Orden Mundial, donde el alto poder financiero desde la sombra ya ha conseguido desplazar a los gobiernos, siendo marionetas de sus designios. Los recortes, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la explotación de países pobres para lucro y destrucción de las empresas locales y la ideología monolítica neoliberal encabezada por los capitalistas de libre mercado,  incluidos los más extremistas, los soplagaitas anarcocapitalistas,  solo pueden conducir al caos de nuestra civilización. Hubo un período donde las clase populares vivieron bien (1945 - 1973) en occidente mientras que hubo un período donde muchas fortunas cristalizaron con abundancia de pobres y sin estructura de respaldo social. El laissez faire solo puede traer esclavitud y la creencia en que el socialismo marxista puede ser la solución es una falacia demostrada por la experiencia. Solo hay una vía: estado social mixto capitalista sin injerencias plutocráticas.

El Nuevo Orden Mundial planificado por los banqueros avariciosos solo puede traer la esclavitud perfecta. Cuando las clases medias en occidente se quedan sin trabajo o disminuyen sus rentas y ven como sus fábricas son llevadas a lugares donde se explota vilmente al ser humano es cuando nos damos cuenta de esa conspiración del "mercado libre" para reducir al hombre a la miseria.



martes, 20 de septiembre de 2016

¿Está Rusia planeando un Rublo basado en el patrón oro?





Foto: Wikipedia



24 FEBRERO 2015 


(OroyFinanzas.com) – Mucho se está especulando sobre un posible plan de Rusia de crear un rublo basado en el patrón oro, pero lo importante sería saber qué tipo de patrón oro se implementa. La adopción de esta medida podría tener notables consecuencias; detener la caída del rublo, aumentar el poder adquisitivo de Rusia en el extranjero y desafiar la hegemonía del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial.

El un artículo del Instituto Mises, escrito a principios de este mes se explora una posible vuelta al patrón oro en Rusia, así que hemos querido profundizar sobre esta idea añadiendo nuevas noticias desde el punto de vista ruso.

¿Está Rusia planeando una moneda basada en el patrón oro? La “tormenta perfecta” reúne inestabilidad geopolítica, aislamiento diplomático, castigo de los mercados al rublo y el declive económico. Estos hechos han erosionado profundamente la posición internacional de Moscú y posiblemente para mucho tiempo. Sin embargo, son estos mismos factores los que pueden impulsar el liderazgo de Rusia, a nivel mundial, y transformar al país en una potencia indiscutible. Siempre que la moneda rusa estuviera ligada al patrón oro.

¿Qué implicaciones tendría una remonetización del oro y un posible rublo basado en el patrón-oro?

En primer lugar, ¿ese respaldo de la moneda tendría un contravalor del 100% en oro o el porcentaje sería un menor, utilizando una reserva fraccionaria? ¿Cómo podría cambiar la gente sus rublos por oro? ¿Podrían solicitarlo todos los tenedores de rublos o solamente países, Bancos Centrales u otras instituciones o corporaciones?

En realidad estas preguntas son detalles sin importancia, el mero hecho de esa conversión remodelaría el mundo monetario que conocemos en la actualidad planteando importantes desafíos a Occidente.

Primero, durante años, Moscú ha manifestado una nula voluntad de permanecer sujeto a la malla monetaria liderada por EE.UU. y sus aliados de la OTAN y así lo ha declarado públicamente, en más de una ocasión, el asesor económico a largo plazo del presidente Putin, Sergei Glaziev.

Rusia tiene una estrategia muy clara al respecto y está dispuesta a jugar duro frente a Occidente. El pasado mes de noviembre, el gobernador del Banco Central de Rusia tomó la inusual iniciativa de mostrar, ante la prensa internacional, el esfuerzo realizado en la compra de oro físico. Este episodio, que muestra el malestar que provoca la hegemonía del dólar, también puede interpretarse como una presentación pública de los arsenales existentes en caso de una guerra monetaria.

Segundo, y a pesar de la presión internacional, Rusia ha sido muy comedida en las políticas de venta masiva de oro que llevaron a cabo Reino Unido, Francia, España e Italia en la última década para tratar de apuntalar sus maltrechas economías. El entonces primer ministro británico Gordon Brown autorizó, por ejemplo, la venta de 400 toneladas métricas de las reservas del Reino Unido a precios increíblemente bajos.

La sorprendente decisión adoptada por las autoridades rusas, ante la rápida caída del rublo experimentada en diciembre del pasado año, de no tocar las reservas de oro –que ocupan el sexto lugar en la clasificación mundial- deja muy a las claras la posición rusa respecto al oro. De hecho, a finales del mismo mes, las reservas rusas aumentaron en 20.73 toneladas, según datos del FMI, lo que constituía el noveno mes consecutivo en el que se incrementan las compras.

En tercer lugar, aunque la economía rusa es estructuralmente débil no se puede decir lo mismo de los fundamentos monetarios del país. Rusia no es una nación deudora y la mayoría de la deuda que posee es privada. Así que el cambio al patrón oro sería una posibilidad ideal, tanto desde un punto de vista geopolítico como dentro de sus fronteras.

El oro físico ruso representa el 10 % de las reservas de sus divisas. El déficit presupuestario -según una proyección realizada el pasado noviembre- se sitúa en 10.000 millones de dólares lo que representa menos del 1% del PIB. Por otro lado, la tasa de pobreza ha caído del 35% que regía en el año 2001 al 10% en 2010 y se estima que para 2020 el 86% de la población tenga la consideración de clase media.

El artículo presenta la información anterior con el fin de mostrar que la política rusa respecto al oro no es meramente especulativa. Son muchas las señales a ser tenidas en cuenta… y hay una lógica en cada una de ellas.

En realidad, tiene sentido desde un punto de vista geopolítico. La caída de los precios de petróleo parece responsabilidad de los EE.UU. que no quieren que Rusia disponga de un alto poder adquisitivo en el extranjero. Si el precio del crudo cae, también lo hace el rublo.

Sin embargo, si el rublo estuviera respaldado -en todo o en parte- en oro, el continuo declive que pesa sobre la divisa no sería ya un problema. La gente querrá tener rublos porque están respaldados por oro y este comportamiento llevaría aparejada la subida del rublo. Y este mismo comportamiento se extendería a proveedores y distribuidores internacionales.

Si China se sumara a esta idea y también respalda su moneda en oro, el equilibrio actual de poder en el mercado de las divisas seguramente comenzaría a cambiar. Insistimos, todo este escenario va más allá de una razonable especulación. Los BRICS –donde están presentes rusos y chinos- ya han manifestado su malestar con la gestión que realiza Washington con el dólar y, de hecho, están creando sus propias instituciones paralelas al Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM).

La supremacía del dólar está siendo seriamente amenazada con esta sucesión de movimientos, entre otros. Peor aún sería para Occidente -y los EE.UU en particular- si otros países tenedores de bonos en dólares estadounidenses se sintieran tentados en liquidarlos. Esta situación sería una auténtica pesadilla para la Reserva Federal (Fed) y Washington por el temor a que se dispare la inflación y quedara fuera de control.

Con tantas amenazas sobrevolando Rusia, como la actuación Occidental en Ucrania, uno se pregunta por qué las naciones occidentales, lideradas por EE.UU., continúan con sus oscuros proyectos. Da la sensación que los poderes monetarios tienen en mente algo radical que pasa por deshacerse de toda la reserva de dólares.

Nada de esto se hace público, por supuesto. Las maniobras en geopolítica van en una determinada dirección hasta que se logran los resultados deseados. Es “historia dirigida” y su culminación está en el dinero global con el que soñaba Keynes allá por los años 40.

El mundo está, sin duda, en un proceso de cambio peligroso. El oro -a pesar de sus críticos- sigue siendo el dinero metal dominante en el planeta. Así que su rehabilitación en el sistema sería ciertamente posible.


© OroyFinanzas.com




Los bancos centrales como problema


17 de enero de 2013

Publicado en Sistema Digital el 17 de enero de 2013

Un obstáculo posiblemente insuperable para poder salir de la crisis es el actual estatuto y el modo de actuar de la inmensa mayoría de los Bancos centrales. Desde los años ochenta del pasado siglo se fue modificando la naturaleza de casi todos ellos para declararlos independientes del Gobierno (y, en general, de los poderes representativos) y para obligarles a centrar su actividad en la lucha por la estabilidad de los precios. El fundamento de ese “encargo” era puramente ideológico, puesto que no había evidencia solvente alguna (como comentaré enseguida) que permitiera afirmar que eso sería bueno para las economías. Su propósito real no era otro que favorecer aún más a los grandes propietarios de capital. Para justificarlo se decía que los Gobiernos buscan el voto y que para ello aumentan irresponsablemente el gasto público, provocando deuda e inflación, mientras que unos Bancos centrales independientes de esa veleidad política podrían evitar que los precios se disparasen, manteniendo una severa disciplina monetaria que solo así se podría imponer.

Además, se aseguraba que un Banco central independiente tendría mucha más credibilidad y que eso, entre otras cosas, evitaría que los sujetos económicos elaborasen expectativas erradas que al final podrían anular la eficacia de las políticas económicas. Y los defensores más monetaristas de la independencia y la estabilidad de los precios declaraban que si se conseguía esta última se aseguraría también la deseada estabilidad financiera, la que tiene que ver con los flujos de crédito que satisfacen las necesidades de financiación de empresas y consumidores.

Sin embargo, la realidad de los hechos ha sido otra completamente distinta a la prevista por los defensores de los Bancos centrales independientes.

La estabilidad de los precios se ha conseguido en gran medida pero antes de que los Bancos fueran independientes y actuaran como tales, y los estudios empíricos muestran que si bien puede detectarse una cierta relación negativa entre independencia y nivel de inflación, no se puede asegurar que la primera sea la causa que la segunda, ni tampoco que la independencia produzca automáticamente una disminución de los índices de precios.

Además, no se puede olvidar que si bien la etapa de independencia de los Bancos centrales ha estado asociada a baja inflación (aunque no necesariamente por su causa, como acabo de señalar), ésta última se ha manifestado en algunos índices de precios pero no en los relativos a bienes que son determinantes de lo que ocurre en la economía, como la vivienda.

Tampoco ha resultado cierto que la estabilidad en los precios haya llevado consigo la estabilidad financiera, como habían pronosticado los defensores de establecer este objetivo como esencial o único de los Bancos centrales. Todo lo contrario. La etapa de Bancos centrales independientes está igualmente asociada al mayor número de crisis y perturbaciones financieras de toda la historia. Y eso ha sido así porque la estabilidad de los precios mediante las políticas monetarias restrictivas de los Bancos centrales resultaron ser, primero, una bicoca para los propietarios de capital financiero (cuanto más altos son los tipos de interés con la excusa de controlar los precios, mayor rentabilidad reciben). La alta remuneración al capital financiero absorbió una ingente cantidad de recursos que dejó de ir a la actividad productiva. Y más tarde, cuando la estabilidad se consiguió y los tipos se relajaron, la política monetaria relajada de los Bancos centrales favoreció un ingente incremento del crédito, que se unió a esa enorme masa capital financiero provocando burbujas en diferentes ámbitos hasta que estalló en la crisis que estamos viviendo.

Lo que ha ocurrido ha sido algo que la ceguera ideológica y la servidumbre hacia los intereses privados con la que actúan los Bancos centrales les impidió lo evidente: de nada sirve que los Bancos centrales sometan a una severa disciplina la circulación del dinero que ellos crean (que es una mínima parte del total del dinero que circula) si incentivan el crecimiento del dinero que crea la Banca privada.

Como hemos explicado Vicenç Navarro y yo en ‘Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero’, la Banca privada crea mediante la deuda el 95% del dinero circulante, y lo que ha sucedido es que con la excusa de controlar el crecimiento del 5%, los Bancos centrales han permitido que explote el que ha llegado a ser el 95%. Algo que, lógicamente no ha sucedido por casualidad puesto que ha supuesto un enriquecimiento extraordinario de la Banca privada.

Ahora bien. La paradoja es que permitiendo que se genere tanta deuda privada y añadiendo a eso que el salvamento que han realizado de los Bancos privados ha sido a costa de aumentar sus balances en unos nueve billones de dólares, lo que puede ocurrir es que la propia política estabilizadora de los Bancos centrales haya creado la bomba de una hiperinflación futura (y, desde luego, de la nueva crisis financiera que veremos más pronto que tarde).

Y además de eso, la obsesión estabilizadora de los Bancos centrales ha supuesto un obstáculo constante para que los gobiernos pudieran poner en marcha políticas de creación de empleo, algo que, por cierto, también venía muy bien a los grandes capitales, porque con niveles de paro elevados se pueden conseguir más fácilmente condiciones laborales favorables frente a los trabajadores.

Adicionalmente, en algunos Bancos centrales independientes (como el europeo) se impuso también el criterio de que no podrían financiar a los gobiernos, obligándoles a financiarse por la Banca privada a intereses, lógicamente mucho más elevados.

Y, para colmo, los Bancos centrales independientes, que se suponía que iban a ser un ejemplo de credibilidad y de buen hacer, han resultado ser unos vigilantes desastrosos, cuando no corruptos, que han mirado a otro lado cuando se han estado produciendo los desmanes en el sistema financiero. Los inspectores del Banco de España han denunciado en diversas ocasiones la pasividad de los directivos y en otros países se ha podido comprobar igualmente que hicieron oídos sordos a las denuncias de las irregularidades que han provocado la crisis.

Los resultados de todo esto están siendo fatales: la estabilidad de precios, que se estaba consiguiendo o se había conseguido sin necesidad de la independencia, ha pasado a ser utilizada como coartada para imponer políticas monetarias contra el empleo, muy rentables para el capital financiero más improductivo pero generadoras de burbujas, de inestabilidad financiera y de una expansión terrible de la deuda privada, y allí donde los Bancos centrales dejaron de financiar a los gobiernos, también de una gran deuda pública. Además de permitir la comisión de docenas de fraudes bancarios y engaños de todo tipo.

Y todo ello por no hablar del déficit peligroso que supone que algo de tanto interés público como el dinero y la financiación de la economía se gobierne justamente al margen de las preferencias del público.

Es muy difícil, por no decir imposible, que se pueda salir de la crisis con un instrumento tan esencial como los Bancos centrales viciados y desnaturalizados tan solo para favorecer al capital bancario y financiero y que frena constantemente las políticas económico-financieras de los Estados.

Algunos gobiernos empiezan a ser conscientes de ello y toman medidas que deberían servir de ejemplo. El último ha sido el de Japón, que se dispone a intervenir modificando el estatuto y la naturaleza del Banco central para que abandone el objetivo exclusivo de la inflación, para que financie inmediatamente al Gobierno comprando títulos y para que aporte más liquidez a una economía que se encuentra, en gran parte por culpa de la política del Banco central, en situación deflacionaria.

Si hay un lugar en donde eso sería incluso aún más necesario es la Unión Europea. Si no se interviene y se modifican pronto las funciones y el modo de actuar del Banco Central Europeo es seguro que nos quedan por delante muchos años de zozobra y padecimientos.

Juan Torres López es catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política.