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sábado, 22 de abril de 2017

Y así sucedió el Apocalipsis financiero (un poco "xagerao")

Y así sucedió el Apocalipsis 

financiero

La máxima de Trump 'América primero' se extendió como un reguero de pólvora y 

del proteccionismo se pasó al aislacionismo con el 'crash' definitivo del 

sistema de pagos mundial.





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“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más”. Libro del Apocalipsis 21:1
Todo empezó por la anunciada e inevitable caída del dinero fiduciario. Desde que en 1971 el presidente Nixon desligara al dólar de su respaldo en oro, el mundo operó bajo un sistema monetario llamado 'fiat'. Este se basaba en la confianza de la comunidad y en la promesa de pago de la entidad emisora y, aunque solo los gobiernos tenían el poder de emitir este dinero, los bancos lo creaban a través de préstamos. Y su suministro creció de forma exponencial. Tanto que ese dinero fiduciario había amenazado en reiteradas ocasiones con producir una nueva crisis económica. Un sistema que tiende a inflaciones, burbujas y deudas soberanas impagables, tiende inevitablemente al colapso. Colapso que se ha visto agravado por la falta de soporte del dinero fiat, ya que su valor venía dado por una promesa, un intangible, ningún soporte físico sobre el cual apoyarse para evitar la caída.
Todavía se sigue discutiendo cuál fue la causa inicial que desencadenó la catástrofe. Como siempre, la verdad está más en toda una serie de circunstancias que conspiraron al mismo tiempo para iniciar la reacción en cadena que en un motivo primigenio. Eso sí, la arrogancia de los poderes establecidos, junto con las bellas e insostenibles teorías que el estamento académico aportaba para mantener la confianza, acallaba todas las opiniones catastrofistas.
Y ciertamente no fue por la falta de señales, que, de haberse considerado, hubieran justificado un cambio radical de rumbo.
El universo inversor a comienzos del año 2017 presentaba el siguiente panorama.
  • Renta variable o participación en el capital de sociedades, en niveles de valoraciones extremadamente elevados. Muchas de ellas con niveles de PER que podríamos considerar como 'exuberantes', pues los beneficios descontados escapaban de toda lógica, tanto desde el punto de vista especulativo como de esperanza a largo plazo.








  • Renta fija con intereses negativos. Como lo calificaba un amigo en aquel tiempo; un sindiós.
  • Inmobiliario. Burbuja otra vez donde se han superado ya los precios previos a la crisis financiera.

  • Liquidez. Los bancos centrales europeos dándole a la maquinita de imprimir billetes sin parar. Y aquí se nos olvidó, o no se quiso considerar, que la liquidez tenía un riesgo sistémico: la contrapartida del banco que mantenía los depósitos.
Pero tal y como nos preguntábamos, ¿Qué pasó? El High Frequency Trading, el 'trading' algorítmico o simplemente las maquinitas se volvieron locas. ¿El efecto Trump? La máxima de Mr. Trump 'América primero' se extendió al resto del mundo como un reguero de pólvora y del proteccionismo se pasó al aislacionismo con el 'crash' definitivo del sistema de pagos mundial. Las elecciones francesas supusieron un cambio radical también en el paradigma europeo. Las decisiones políticas más demagógicas y radicales eran norma en un pueblo borrego hastiado por constantes atentados terroristas. Y a partir de ahí fue el sálvese quien pueda.
¿Y que nos quedó? Por descontado, la humanidad ya había pasado por crisis semejantes y la caída del imperio romano podía ser el ejemplo más traído a colación.
Volvimos a las mismas soluciones económicas que en los viejos tiempos y el trueque de bienes físicos pasó a ser la moneda de cambio en el nuevo sistema económico. Bien es cierto que la tecnología había evolucionado algo desde el tiempo de los romanos y los bienes físicos se podían transferir en la actualidad por mecanismos virtuales entre los que destacaba el nuevo uso de la tecnología de la cadena de bloques ('blockchain'), base de la criptomoneda bitcoin y de otras muchas.
Con esta tecnología, la energía, base de todo sistema económico moderno, se ha convertido en la nueva unidad de cuenta mundial. Atrás quedaron los billetes sin valor, aquellos que decían que valían mucho y de un día para otro pasaron a no valer nada.
Ojalá lo aquí descrito no se cumpla. Seguramente todo sea fruto de mi pesimismo antropológico. Pero de lo que no hay duda es de que, cuan meteorito que amenaza la tierra, un mal se cierne sobre nuestras cabezas. Y siguiendo ese símil, un día caerá. Lo mejor será prepararse, al menos por si acaso…
Un poco de humor no viene mal...

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