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jueves, 20 de abril de 2017

Juan Carlos de Borbón, el personaje más nefasto de la historia de España

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Enrique de Diego | 4643 lecturas

11/04/2013

Juan Carlos de Borbón, el personaje más nefasto de la historia de España

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Me han contado el siguiente chiste: Mariano Rajoy sale del plasma y le sale al paso un chico encantador. Rajoy le saluda y le pregunta: ¿Cómo te llamas? El chaval muy simpático responde: Jaimito. ¿No serás el de los cuentos?, inquiere Mariano. No, el de los cuentos eres tú. Pues Mariano, el de los cuentos, el de las mentiras, el de los incumplimientos, el inútil proteico, ha salido en defensa de la monarquía y concretamente de Juan Carlos. Mal está la monarquía para precisar tan mal abogado defensor. Es posible que Rajoy le haya dado la puntilla al cazador de elefantes, al amante de Corinna, a ese personaje que le puso una mansión a su barragana con cargo al contribuyente, demostrando su bajeza…moral.

Que la nulidad de Rajoy salga en tromba al quite del hermano de los saudíes y los qataríes –ya han colocado a Urdangarín- tiene la lógica de que la cuarta fortuna de España, según Forbes, es la piedra angular de todo el carcomido andamiaje de este sistema corrupto, es el jefe de la casta parasitaria e incluso hay que seguir con el rollo del 23-F, cuando es notorio que Juan Carlos no fue ajeno a lo que hicieron su chambelán Alfonso Armada y su amigo Jaime Milans del Bosch.

Tarde, pero esta España doliente está despertando y el amante de Corinna con cargo al Presupuesto, el que utiliza a los espías del CNI como vulgares mamporreros, es un personaje por el que el CIS ya ni tan siquiera se atreve a preguntar, porque cada vez parece más un personaje patético, sólo digno para que le entreviste Jesús Hermida en posición felatoria. Dijeron los cortesanos que Juan Carlos abdicaría si se reconocía su papel histórico.

Sostengo que este maleducado es el personaje más nefasto de la historia de España. Y ni tan siquiera sumando al traidor Conde don Julián y al felón Fernando VII se consigue hacer sombra a la capacidad destructiva de este irresponsable aventurero. El Conde don Julián abrió las puertas al invasor islámico y en ello ha seguido su estela el decrépito Borbón, a sueldo de los saudíes, cobrando comisiones por barril de petróleo, o viajando de Marruecos directamente a Suiza, donde ya sabemos que tiene cuentas y que las tenía su padre. Fernando VII felicitaba en Bayona a Napoleón por sus victorias sobre los patriotas españoles. Juan Carlos se ha dedicado a ser sumiso y condescendiente con todos los separatistas, a los que él ha alimentado.

Juan Carlos recibió una nación sin deuda, en plena expansión industrial, con una economía competitiva y con unas clases medias emergentes y lo ha dilapidado todo, llevando a la sociedad española a la miseria, a través de una serie de medidas estúpidas y suicidas, propias de un demente, que reciben el nombre de transición y que durante cuatro décadas se ha presentado como santa y heroica e incluso pacífica, a pesar de los zarpazos del terrorismo contra los mejores. Se creó una clase política insostenible que ha degenerado en casta parasitaria, se pusieron en marcha las autonomías, diecisiete miniestados, que son un cáncer en todos los sentidos; se ha generalizado la corrupción, que ha convertido a España en una cloaca y a Zarzuela en una letrina de donde emanan hedores apestosos. No hay sector o aspecto en el que no se haya producido una degradación enervante. La libertad de expresión es una quimera, sólo apta para lacayos. La honradez se ha convertido en un lujo o en una forma de suicidio. La industria ha sido destruida, desmantelada. La inseguridad es rampante. La Defensa ha sido reducida a pavesas. La moral es inexistente en una orgía de mentiras e hipocresías en la que la codicia irrestricta ha sido la norma en el juancarlismo, cuyos presidentes han sido a cual peor: Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, hasta llegar al esplendor de la mediocridad sobrecogedora de Mariano Rajoy.

Todo en el nefasto juancarlismo ha sido mentira y corrupción. Ningún presidente de ninguna República hubiera soportada una milésima parte de la corrupción moral y económica del cazador de elefantes, del amante de Corinna con cargo al contribuyente.

Juan Carlos de Borbón es el culpable de todo el sufrimiento de los españoles, de todo el daño que se extiende por la piel de toro y aqueja a las familias y a las personas. Y esto ya no son capaces de ocultarlo los cortesanos, porque es patente e innegable.

Juan Carlos es un personaje acanallado, pervertido y egoísta que ha hecho un daño incalculable a España. Recibió una España con pocos políticos y bajos impuestos y la ha poblado a reventar de parásitos y la ha situado en niveles confiscatorios.

Suelen los cortesanos incidir en la utilidad de la institución como elemento legitimador pero, en realidad, ha sido de una inutilidad perversa. Del aventurerismo chusquero de Adolfo Suárez, un trepa sin lecturas ni atributos, a la corrupción rampante de Felipe González, al cortoplacismo mediocre y devastador de José María Aznar, a la inanidad mentecata y mentirosa de José Luis Rodríguez Zapatero, hasta llegar a la estulticia sobrecogedora del récordman de la incompetencia, Mariano Rajoy, con la corrupción generalizada –en el PP no queda nadie honrado, Génova apesta- hay una doble línea de continuidad: el nefasto entre los nefastos Juan Carlos Borbón y la generación de una casta parasitaria dedicada al nepotismo, el trinque irrestricto y el saqueo codicioso inmisericorde con un escrache generalizado al español indefenso. Esa casta de empresarios comisionistas, de banqueros usureros, de gestores ladrones de cajas, de sindicalistas liberados y ociosos, de patronales subvencionadas, de tertulianos de partidos, de medios de incomunicación, de bárcenas y urdangarines, de letizias abortadotas, de cristinas en la inopia y de corinnas lobbystas, barraganas en la alcoba, trinconas de maletín con los ‘hermanos’ saudíes componen esa legión de lacayos parásitos, esa corte no de los milagros –pues no se multiplican ni los panes ni los peces no que decrecen a ojos vista- sino de los desechos.

Este Juan Carlos lisiado, manager del yerno, es el reverso del rey Midas: todo lo que ha tocado lo ha convertido en mierda, en miseria, putrefacción.

La República ya no es cuestión opinable sino de supervivencia. 

Estos borbones gorrones son peores que todas las plagas bíblicas sumadas. Ser, aquí y ahora, monárquico es ser lacayo, ser indigno, ser enemigo de España. No hay otra forma de ser patriota que ser republicano. Una República presidencalista, elegida en circunscripción nacional, que nos haga salir de esta pesadilla a la que nos ha conducido el personaje más nefasto de la historia de España.

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