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martes, 18 de octubre de 2016

Capitalismo, banquerismo y globalización




El capitalismo produce bienes y servicios en un mercado libre relativo mediante la interacción de individuos y empresas a través de la fijación de precios con la ley de la oferta y la demanda. El capitalismo necesita generar beneficios mediante los márgenes de ganancia que tiene al transformar bienes y servicios con unos costes de producción y venderlos en el mercado con un precio superior a dichos costes, para tener rentabilidad. Esta puede ser una sucinta y precisa definición de dicho concepto.





Los marxistas definen la plusvalía como el excedente de valor-trabajo que realizan los trabajadores y que es remunerado por debajo del salario, cuestión que debaten, lo cual es una falacia pues el coste de la mano de obra (factor trabajo) siempre será inferior al valor-producto de dicho factor para que la empresa tenga beneficios y su pago se ajusta mediante convenios colectivos o relación personal entre patrón - trabajador. Muy desatinadamente Marx afirmaba que los proletarios deberían hacer una revolución para establecer un sistema económico que fuera colectivamente controlado mediante el Estado para erradicar la explotación del capitalista frente a las clases menos pudientes y más perjudicadas por el avance del capitalismo, los proletarios. Esta infamia dialéctica sigue persistiendo en el tiempo y mucha gente piensa que la mejor forma de solucionar el problema económico entre las personas sería que el Estado controlase las empresas, la producción, la actividad económica quitando a los propietarios la propiedad de sus bienes, al igual que se practica actualmente en Corea del Norte con el modelo estalinista. La experiencia marxista en todos los lugares en que se ha desarrollado ha significado un sistema fallido, donde se ha esparcido la miseria entre la población mediante un gobierno totalitario - dictador que se ha enriquecido desde el poder desamparando al pueblo y gobernando de espaldas a él.

Sin embargo, el vocablo capitalismo es antiguo y poco definitorio de la realidad económica a lo largo de los 250 años en el que el término irrumpió después de abandonar los Estados el mercantilismo.

En un principio el sistema capitalista produjo la atracción de personas del ambiente rural que habían sido desplazados a la ciudad debido a que los campesinos y artesanos se vieron despojados de su forma de vida al obtenerse en fábricas a menor coste los útiles que ellos manufacturaban por sí mismos e intercambiaban y vendían en las aldeas en ferias y que fueron decayendo al construirse talleres artesanales, fábricas de telares, en un principio, que proporcionaban esos productos mucho más baratos debido a la producción a  gran escala.

Durante todo el siglo XIX, los capitalistas aumentaron sus ganancias introduciendo mejoras en los medios de producción. Sin embargo, las largas jornadas de 13 – 15 horas diarias, el trabajo infantil, la exposición a productos químicos y a la manipulación de equipos peligrosos sin ninguna seguridad de uso, dibujaron un panorama deprimente para aquellos trabajadores languidecidos teniendo en cuenta que los salarios percibidos no tenían aumentos, mientras que se incrementaban los precios de los productos que se manufacturaban, lo cual incrementaba el pauperismo y la miseria de las clases proletarias, al disminuir su renta con el paso del tiempo.

Hasta la crisis de 1929 el sistema económico se denominaba laissez faire



Se trataba de la ideología económica preconizada desde el siglo XVIII por Adam Smith y David Ricardo, que significaba en esencia: mercado libre, librecambismo comercial y no injerencia del Estado en asuntos económicos. El sistema había funcionado bien para las clases acomodadas y para el desarrollo económico en general, no así para las masas proletarias. De ahí el surgimiento de críticas desde las posiciones socialistas (utópica y marxista) y anarquista hacia el capitalismo. Sin embargo, en los mercados, los agentes más poderosos económicamente siempre tienen ventaja sobre los demás miembros de la sociedad y pueden imponer sus precios y sus salarios, si el tamaño de su empresa es muy grande. Y así es como fue, dado que, si bien en el siglo XVIII en Gran Bretaña cuando empezaron a construirse las primeras fábricas en los albores de la 1ª Revolución Industrial existía competencia múltiple entre los diferentes telares (primeras factorías típicas de la época), el poder financiero concentrado logró acumular algunos sectores productivos hundiendo a la competencia, lo que les confirió poder oligopólico dentro del mercado. El concepto smithsiano-ricardiano de competencia perfecta, que es el existente cuando se ofrece en un mercado de productos de origen artesanal en las ferias, donde el precio y la calidad de los productos son parecidos y el público tiende a comprar a cualquier vendedor pues son productos sin manipulación ni diferencia especial (quesos y chorizos caseros, frutas, telas artesanales,…) es algo que existe muy raramente en la actualidad por la especialización de los productos, la marca y la diferenciación de muchos tipos. Por lo tanto, toda la teoría clásica capitalista del laissez faire estaba basada en un enfoque de desconocimiento de la existencia de compañías multinacionales o transnacionales que hacen distorsionar el mercado intentando conseguir oligopolios que desplazan a otras empresas más pequeñas o con menor capacidad.

Las conquistas sociales hicieron que se redujeran las jornadas laborales a partir del siglo XX en los países occidentales y que las condiciones de trabajo fueran mejores. Durante la 2ª mitad del siglo XX después de la crisis de 1929, se adoptó un modelo denominado Estado del Bienestar a partir de 1946, donde se intentó concebir un sistema de Estado que conjugase capitalismo, bienestar social y democracia a partir de las tesis de John M. Keynes, padre de la macroeconomía. Ya desde 1933, F. D. Roosevelt había tomado medidas políticas para acabar con la ideología económica del laissez faire que se había visto totalmente inoperativa tras la anterior presidencia de Herbert Hoover, quién "dejó hacer y dejó de hacer". Roosevelt adoptó las ideas de Keynes y participó en varias acciones encaminadas a acabar con la Gran Depresión, tales como, separar la banca comercial de la de inversión, Ley Glass-Steagall, mayores impuestos a los ricos, realizar un esfuerzo por acometer obras públicas para incrementar el flujo de la demanda agregada y realizar la confiscación de todo el oro de los ciudadanos americanos para incrementar las reservas del país (que seguía con el patrón oro), práctica de ideas quizás confiscatorias, la Executive Order 6102. Sus frutos son discutibles pues en 1937 llegó otra recesión, pero la idea empezó a calar entre la población: el Estado necesita intervenir en la economía, dictando leyes y corrigiendo los desmanes del capitalismo de la ley de la selva (mercado absolutamente libre), donde unos cuantos actores tienen un dominio muy superior al resto de los que constituyen el mercado, siendo esos agentes económicos una minúscula parte de la población.

El sistema de reserva federal americano (FED) no advirtió, ni se percató de la grave crisis que se originó en el año 1929 debida a la avaricia de la sociedad en general para invertir en bolsa incluso pidiendo préstamos para comprar acciones en los últimos años. A pesar de que la responsabilidad de la crisis se achacó en un principio a toda la ciudadanía, muchos economistas exponen responsabilidades a los gobernadores de los diversos bancos centrales del sistema de reserva, pues se podía haber observado la burbuja especulativa que existía promocionada por los bajos tipos de interés de años atrás y a especuladores o banqueros que tenían gran capacidad para mover capitales y de esta forma aprovecharse de la caída de la bolsa para apoderarse de muchas fábricas y bienes de los ciudadanos a través de su miseria.  Seguramente no se hizo de mala fe por parte de las autoridades del sistema de reserva federal, pero puede existir la sospecha de que existían intereses ocultos plutocráticos en conseguir llevar al mercado a una quiebra y máxime sabiendo que los verdaderos propietarios de los bancos adscritos al sistema de reserva federal eran banqueros internacionales guiados únicamente por el lema de “maximizar beneficios allá dónde sea y cómo sea”, no importándoles que el resto perdiese todo su capital en dicha crisis, pues la ganancia de unos pocos significó la ruina o la decadencia del resto. Evidentemente todos los gobernadores de dicho sistema de banca central eran gente elegida por sus propietarios. En 16 años de existencia, el 3er. banco central privado de EEUU había quebrado todo el sistema financiero no solo de ese país sino de muchas economías occidentales. Esa Gran Depresión preparó movimientos comunistas y fascistoides en todo el mundo y prendió la mecha de una nueva guerra mundial.

A pesar del aparente entierro del laissez faire con Roosevelt y experimentar un nuevo tipo de política económica mundial con los acuerdos de Bretton Woods desde 1944, donde el patrón oro se cambió por el patrón cambio-oro, siendo el dólar la moneda mundial, en 1971 Richard Nixon decidió cambiar unilateralmente las reglas de juego económicas, animado por las ideas monetaristas de la Escuela de Chicago de Milton Friedman y creó el dólar respaldado por la Reserva Federal (dinero fiduciario). Esto se debió a que la creciente salida de oro de EEUU disminuyó severamente las reservas y aunque a EEUU no le importaba tener déficits comerciales mientras su moneda tuviera el control del sistema financiero, este cambio afectó a la economía durante una década de manera seria, apareciendo estancamiento (no crecimiento) e inflación (estanflación) así como desempleo, algo que no figuraba en los escenarios de la “Teoría General” de Keynes.

La razón de la buena marcha económica entre 1945 y 1973 fue debida, a mi juicio, a dos razones fundamentales:

  • La industria petrolera estaba mayormente en manos occidentales y el precio estaba contenido, por lo que se desarrolló el Estado del Bienestar keynesiano permitiendo la sociedad de consumo. En 1973, EEUU ya tenía dependencia petrolera de terceros países y a raíz de una guerra entre varios países árabes e Israel (guerra de Yom Kippur), la OPEP determinó hacer embargo petrolero, sobre todo, a EEUU y Holanda por el apoyo a Israel. Esto contribuyó a desequilibrar las economías occidentales pues el precio del petróleo se llegó a cuadriplicar en poco tiempo.


  • Existía la paridad entre el patrón cambio - oro por dólar y el comercio tenía ese equilibrio. Sin él se contribuyó a establecer la economía especulativa gracias a los cambios de tipo flotantes y a encauzar a la economía hacia el banquerismo, y a desvincularse de la economía real, la productiva, empezando a surgir nuevos productos financieros que eran más lucrativos para los plutócratas que tener participaciones en empresas. Además, es de sobra conocido que un Rothschild afirmó una vez que “no hay nada más seguro que prestar a los Estados pues el impago nunca se produce”. Esa es la razón motivante para el establecimiento de bancas centrales por parte de los plutócratas, asegurarse flujos continuos de capital e intereses mediante el préstamo a los Estados, que es mucho más seguro que prestar a particulares y empresas, pues las bancas asociadas a los bancos centrales son propiedad de los banqueros “servidores” del Estado; realmente son los bancos centrales los que descaradamente se nutren del Estado, es decir, de los ciudadanos en general, pues la banca central privada no deja de ser un conglomerado de bancas que cobran un interés al Estado por realizar préstamos en condiciones monopolísticas.
  • El Estado participó e intervino en la economía proponiendo el bienestar social dentro de la democracia y el capitalismo en contraposición a la idea del mercado libre del laissez faire. Un estadio intermedio entre capitalismo de libre mercado y economía socialista es el de economía mixta.

Sin embargo, EEUU desempeñó mal el papel que tenía reservado de imprenta mundial de dólares, abandonándose a comprar al exterior, creando dólares sin centrarse en la producción de mercancías en el interior, así como realizar guerras costosas que, en el fondo, las financiaban el resto de países a través del sistema financiero. Cuando De Gaulle acudió a EEUU a realizar un cambio de dólares para recibir oro, se encontró que la “despensa” de Fort Knox estaba vacía. O al menos eso es lo que se cuenta.

Ronald W. Reagan y Margaret Thatcher comenzaron la revolución neoliberal, aduciendo que el Estado se había convertido en el “problema” al haberse estancado con las políticas keynesianas agarrotando la capacidad productiva de los mercados.

Las medidas consideradas por Reagan fueron fundamentalmente:

  • Reducir el gasto público. Con matices, pues se disparó dicho gasto en defensa… hecho que contribuyó a aumentar la demanda agregada paradójicamente. Y eso es una política keynesiana…

  • Reducir los tipos marginales de los impuestos que gravaban el trabajo y el capital (Impuesto sobre la renta e Impuesto sobre las ganancias de capital). Sin embargo, los impuestos que se gravaban a las rentas más altas se habían  situado sobre el 90 % durante la II Guerra Mundial. Con Reagan ya estaba en el 70 % y pasó al 28 % durante sus 2 gobiernos. Como se ve, las clases populares empezaron a pagar más impuestos comparativamente a las rentas más elevadas.



El hombre es un animal que cae y tropieza en la misma piedra más de una vez. Tras la década por el desierto (1973 – 1982) donde cada vez se cuestionaba más el capitalismo debido al aumento del nivel de desempleo y la inflación en los países occidentales, (la famosa estanflación que no aparecía en la Biblia de Keynes) Reagan y Thatcher logran enderezar las economías a partir de 1983 – 1984, haciendo un plan de choque. En 1985 el keynesianismo estaba prácticamente muerto. En 1981 George W. Bush, aspirante republicano afirmaba de los planteamientos de Reagan que era un "vudú económico". Gracias a Paul Volcker, presidente de la FED de entonces y tras aplicar una política restrictiva del crédito con elevación de tipos de interés, que acarreó la recesión de 1982, a partir del siguiente año se consiguió ir reduciendo la inflación, disminuir el desempleo, y crecer de forma espectacular.

Tras las políticas de desregulación de sucesivos presidentes, Bill Clinton (unir la banca comercial y de inversión que había sido separada por Roosevelt) que fomentó la formación de la burbuja inmobiliaria-crediticia, junto con el intervencionismo y aumento del peso estatal de George Bush Jr., quien se dedicó a salvar bancos mediante dinero del contribuyente, nos encontramos en una crisis aguda, la Gran Recesión que comenzó en 2008 con la caída del sistema bancario-financiero en EEUU. Y es que socializar pérdidas por el pueblo y capitalizar ganancias de forma privada no es una concepción capitalista, sino de naturaleza corporatocrática corruptoide a través de pactos colusorios gobiernos-plutócratas.

Hemos visto las diferentes acepciones de capitalismo desde los diferentes contextos históricos: un laissez faire decimonónico con un patrón oro dominado por la libra esterlina en pleno auge del Imperio Británico; después, un intervencionismo estatal para corregir las fallas del mercado según las tesis keynesianas y realizar una redistribución de las rentas para que sean más equitativas y sostener el estado social de las capas más desfavorecidas tras el crack del ‘29; luego, un nuevo resurgir de la idea del laissez faire trasnochada que revitalizó EEUU en la época de Reagan, por una serie de ajustes acertados que consiguieron vencer la peligrosa estanflación; en la actualidad vivimos aún una situación de banquerismo colapsado por activos tóxicos donde las bancas centrales bombean altas inyecciones monetarias a los bancos y donde no acaban de prestar a ciudadanos y empresas pues la situación es todavía de entorno recesivo y de recelo.

Defino banquerismo a la anómala situación financiera por la cual en la economía predomina el sector financiero frente a sectores de la economía productiva que generan riqueza en la economía real: producción de bienes y servicios a través de industrias y profesiones liberales en la economía privada. Es sencillo de entender: los bancos ganan más realizando inversiones en activos financieros, derivados, que en tomar acciones sobre empresas, por la rentabilidad y el riesgo. Sin embargo, esta situación se ha producido precisamente por dejar crecer tanto a la banca en detrimento de otras actividades que generan riqueza en le economía de verdad. La banquerización de la economía ha ocasionado el incremento vertiginoso de la deuda pública, el apalancamiento excesivo de las empresas ante la inestabilidad de los mercados y el cierre del grifo del crédito, el empobrecimiento de las clases medias, el aumento de impuestos para que los gobiernos puedan pagar los desmanes de la banca, la disminución del Estado del Bienestar con recortes en prestaciones sociales conseguidos hace muchos años,...

Se debe tener en cuenta que un banco es un intermediario financiero, no crea productos ni servicios, solo da dinero prestado que hay que devolver, o custodia depósitos de clientes con un coeficiente de reserva no pudiendo disponer de la solvencia absoluta dado que no puede simultáneamente devolver a los clientes el dinero que han depositado, pudiendo llegar a quebrar si ningún gobierno u otro banco, le rescata como pasó con Lethman Brothers. Por tanto, un banco podría tratarse de un medio para conseguir activos prestados para conseguir flujos dinerarios a corto o largo plazo en las empresas o particulares, pero un banco no produce nada, solo deuda en los clientes, en las empresas y en los Estados. Deuda que hay que pagar o en caso contrario, el banco quitará la propiedad del bien hipotecado o reclamará la cantidad de dinero adeudado siempre y cuando existan garantías en los clientes para ese pago o el bien reclamado tenga el valor suficiente para sufragar el coste del impago.

Uno de los monopolios que poseen los bancos es la creación del dinero bancario mediante el multiplicador monetario a través del coeficiente de caja o de reserva. Un banco, como ya se ha comentado en numerosas entradas, tiene la capacidad de prestar dinero a través de los depósitos de los clientes en un sistema de banca de reserva fraccional, que es el mayoritario en el mundo. Esto quiere decir que si el coeficiente de reservas es del 10 %, y un depositante ingresa 1.000 €, sucede lo siguiente en sucesivos préstamos por el total de cada depósito subsiguiente con las reservas de cada cantidad:



Manteniendo un determinado coeficiente de reserva podemos obtener más dinero bancario en préstamos a particulares, empresas y al Estado. Cuanto más bajo sea el coeficiente de reserva más posibilidades de insolvencia tendrá ese banco y más expansión hará del crédito, dinero bancario generado de la nada como puede observarse pero que está legalmente constituido por los bancos con la supervisión tanto de los bancos centrales como del Estado que garantiza ese status quo. En general, los bancos tienen un coeficiente de caja estipulado por su banco central.

El banquerismo que ha ejercido un crecimiento exponencial en años previos a la gran recesión de 2008 en definitiva es debido a las causas enumeradas, que se resumen:

  • Desaparición del tipo fijo de cambio patrón – oro gracias a los consejos de Milton Friedman a Richard Nixon en 1971.
  • Desregulación financiera, que comenzó con la disminución de los impuestos a los ricos en la era Reagan, creyendo que “si los ricos pagan menos, favorecerán la economía”, lo cual significa una falacia, pues lo único que propicia es la desigualdad al soportar las clases más desfavorecidas el sostenimiento de las cargas impositivas y la desincentivación del emprendimiento dentro de esas clases sociales. 
  • Aparición de objetos financieros de naturaleza extremadamente compleja, como los mercados de derivados, que crean una inseguridad y un riesgo añadido en manos no expertas de estos productos (Warren Buffet no los entiende).
  • Oscurantismo de las bancas centrales a la hora de marcar los tipos de interés que han resultado desacompasados y han marcado ritmos de inversión equívocos y errantes. El tipo de interés de los bancos centrales fue fijado de manera alarmantemente peligrosa,  generando un incremento no deseado de hipotecas y créditos a personas que no tenían capacidad de devolución dado que los objetivos marcados por los bancos era mejorar el balance de años anteriores y ante tipos bajos no hubo otra forma que realizar un mayor número de préstamos que no deberían haberse realizado. Hubo avaricia desmedida en los directores y propietarios bancarios que ocasionó la burbuja inmobiliaria-crediticia.
  • Los bancos intentaron realizar expansiones de sus negocios realizando préstamos sin contar con ningún respaldo en reservas y con unos coeficientes de caja en EEUU entre 0,5 y 1 %, en la época de los tipos bajos, entre 2001 y 2004 que es cuando se sembró la crisis a futuro.
La corriente capitalista que aboga por la globalización se sintetiza en la siguiente frase: “Constelación de centros con fuerte poder económico y fines lucrativos, unidos por intereses paralelos, cuyas decisiones dominan los mercados mundiales, especialmente los financieros, usando la más avanzada tecnología y aprovechando la ausencia o debilidad de medidas reguladoras y de controles públicos”. Frase escrita por José Luis Sampedro, en su libro El mercado y la globalización (2002).

El neocapitalismo de la mundialización se caracteriza por un fuerte poder financiero que intenta debilitar a los Estados y trasladar sus factorías a lugares donde se permitan costes laborales esclavistas para aprovecharse de la escasa regulación pública y desposeer a la población local de la posibilidad de crear sociedades de consumo que permitan salir de la pobreza y quitar del mercado a la competencia local, lo que trae consigo la descapitalización de esos lugares donde los mundialistas compran a los gobiernos y someten a la población a la semiesclavitud como también se puede comprobar en los países de occidente donde se ha deslocalizado la producción buscando el “máximo beneficio” en esos lugares donde los sueldos y las condiciones pueden ser tan míseras como en el siglo XIX, buscando lugares donde tengan que pagar menos impuestos, salarios fuera de los márgenes de la OIT, trabajo infantil e incluso esclavo y no permitan el desarrollo de los pueblos sometidos a la dictadura del capitalismo financiero avaricioso y depredador.




La mundialización es también un problema de existencia de gobiernos corruptos, comprados por los plutócratas financieros para permitir que sus ciudadanos sean esclavos de una compañías que se asientan en su país para parasitar la economía, mientras los burócratas del gobierno reciben dinero, que son los únicos beneficiados de este grave expolio, que no solo repercute en las naciones que acogen este tipo de producción esclavista sino que ocasiona desempleo y malestar en los países donde se han deslocalizado las empresas. Para justificar estas acciones inhumanas y propias de gente ruin y malhechora del bienestar mundial, luego algún economista o político en los países occidentales intenta explicar que “nuestro sistema del Estado del Bienestar debe reducirse", recortando ayudas necesarias para la población que pierde sus trabajos o no lo encuentra, incidiendo en que en las crisis “todos hemos tenido la culpa pues todos vivíamos por encima de nuestras posibilidades” y que "el Estado no debe pagar a vagos e inútiles", cuando la cruda realidad es que gente de mucha valía, conocimiento y experiencia han quedado apeados del mundo laboral. Esos son los argumentos que nos vierten, y algunos se los creen. Una mentira citada 1.000 veces se convierte en verdad para ciertas personas.

En definitiva, el capitalismo de los años ‘60 en EEUU era un ejemplo de cuan bien habían funcionado las políticas keynesianas, de control por parte del Estado del sistema bancario y del pago de impuestos por parte de los más ricos junto con un sistema monetario donde el dólar estaba anclado en el oro y no existían posibilidades de realizar experimentos monetaristas para agrandar con libre flotación la divisa, como sucede ahora con el fenómeno de expansión de la masa monetaria, que desde los años ‘70 tras el shock de Nixon ha visto como la deuda pública americana ha crecido de manera exponencial en la misma medida en que el banquerismo se ha desarrollado en contra de la economía real, que es la que da bienestar al ciudadano.

Los grandes capitalistas actuales son unos usureros de la rapiña, vendidos a su idea de controlar a los gobiernos a través de las bancas centrales, ejemplos centralizadores de poder al igual que los soviets comunistas. Capaces de destruir naciones enteras para salvar su sistema bancario, como ha ocurrido con Grecia y donde se vio como la banca primero trampeó la entrada en la UE para luego desvalijarla a trozos. Desgraciadamente el pensamiento monocolor en la política que está totalmente controlada por esta mafia inmunda que desprecia a la humanidad, como son los banskters, es una consecuencia del poder e influencia de estas familias banqueras que piensan en el mundo como si fuera de su propiedad y planifican cuál debe ser el número de personas que pierdan su empleo y su bienestar para favorecer al suyo propio, que no es otro que apropiarse del mayor número posible de propiedades, fábricas y dinero cada vez que sucede una crisis, aunque sus propios bancos hayan quebrado técnicamente, pues la colusión plutócratas-oligarcas y gobiernos se ha visto perfectamente tras esta crisis que todavía no ha finalizado.

¿Cuál sería el capitalismo benefactor que consiguiese la capitalización mundial? Es muy fácil…

Desplazarse a otros lugares e instalar una fábrica, pagando sueldos adecuados al nivel de vida local suficiente para que los trabajadores pudieran mantener un nivel de vida tal y como occidente. La fábrica no perdería dinero con márgenes razonables, simplemente no se aprovecharía de la avaricia de los capitalistas destruye-economías. 

Esas personas contratadas de acuerdo a sueldos razonables, al tener capacidad de ahorro y de compra, podrían poseer los productos que allí se fabrican, pues con el sistema actual de depredadores financieros, los trabajadores cobran una miseria y los productos no se venden allí pues no existe capacidad adquisitiva. Los márgenes en costes laborales de las fábricas se deberían corresponder al nivel de occidente de acuerdo a la equivalencia entre salarios, coste de vida y renta en el país desplazado. E incluso el capitalista benefactor podría permitirse el lujo de pagar por encima de la media marcada por las leyes del país a los trabajadores, pues pudiera darse el caso de que se trata de un país con un régimen dictatorial donde el propio Estado paga unas cantidades ridículas a sus empleados. Y reitero, no se arruinaría. Fomentaría el despegue del capitalismo a nivel mundial, no un mundo de escasez promovido por capitalistas ruines y avariciosos que intentan arruinar a todos los demás menos a ellos mismos. 

De esta forma, se habría ganado un mercado para satisfacer la demanda de las fábricas instaladas y no se tendría que deslocalizar la producción de países occidentales, pues esa filial vendería el mismo producto en su área regional, mientras que la de occidente lo haría en la suya propia.

El capitalista benefactor, al final, ganaría más a largo plazo pues dispondría de más mercados para vender sus productos y disminuiría la pobreza a nivel mundial en lugar de empobrecer a todos menos a unos cuantos, como ahora.

Esto como ven es la antítesis de lo que practican los usureros financieros y otros “capitalistas” que pretenden destruir la economía del bienestar en occidente, cerrando fábricas para “maximizar beneficios” en lugares donde se pueda pagar una miseria con la colaboración del gobierno de turno tras haber comprado su “silencio” o su “colaboración”.

La película “1984 – George Orwell” nos hablaba de un fascismo-totalitarismo de partido único mitad hitleriano, mitad estalinista. Lo que a nadie se le ocurrió es que iba a llegar un fascismo que ya está ocurriendo y tiene un nombre “globalización de las élites para destruir a los ciudadanos a través de sus armas financieras”, más conocido como Nuevo Orden Mundial, donde el alto poder financiero desde la sombra ya ha conseguido desplazar a los gobiernos, siendo marionetas de sus designios. Los recortes, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la explotación de países pobres para lucro y destrucción de las empresas locales y la ideología monolítica neoliberal encabezada por los capitalistas de libre mercado,  incluidos los más extremistas, los soplagaitas anarcocapitalistas,  solo pueden conducir al caos de nuestra civilización. Hubo un período donde las clase populares vivieron bien (1945 - 1973) en occidente mientras que hubo un período donde muchas fortunas cristalizaron con abundancia de pobres y sin estructura de respaldo social. El laissez faire solo puede traer esclavitud y la creencia en que el socialismo marxista puede ser la solución es una falacia demostrada por la experiencia. Solo hay una vía: estado social mixto capitalista sin injerencias plutocráticas.

El Nuevo Orden Mundial planificado por los banqueros avariciosos solo puede traer la esclavitud perfecta. Cuando las clases medias en occidente se quedan sin trabajo o disminuyen sus rentas y ven como sus fábricas son llevadas a lugares donde se explota vilmente al ser humano es cuando nos damos cuenta de esa conspiración del "mercado libre" para reducir al hombre a la miseria.