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lunes, 29 de febrero de 2016

La élite plutocrática (1 %) controla más del 50 % de la riqueza mundial

Estamos inmersos en un sistema económico mundial donde desde hace años, los gobiernos elegidos por el pueblo trabajan exclusivamente para beneficio de los más ricos, la élite mundial.

Este capitalismo no funciona salvo para los megaricos y eso es un grave problema. Los gobiernos deben articular Ley para poder desarrollar una sociedad en la que los ciudadanos tengan igualdad de oportunidades. Lejos de eso se hace al contrario, hundir a las clases medias y bajas para entregar mayores ganancias a los grandes capitalistas. 

Se debe resaltar que las grandes compañías multinacionales no emplean en los países al mayor porcentaje de la población trabajadora, pero sí tienen la fortaleza financiera para actuar en casos de crisis. Además, las grandes compañías, sociedades anónimas con 100 o más socios o con más de 2.400.000 €, pueden crear una sociedad de inversión de capital variable (SICAV) que tributan al 1 % y de esta forma eludir impuestos, hecho legal que hace que las pymes estén en una situación de desventaja competitiva por esa doble razón argumentada, dado que las pymes tributaban al 28 % y ahora lo harán este año al 25 %. Esto conduce a que los más pequeños son devorados por los más grandes, reiteramos, gracias a los beneficios fiscales y a la mayor fortaleza financiera. Los ricos cada día más ricos, los pobres cada vez más pobres. En un mercado afectado por graves ineficiencias políticas de favorecimiento de lobbies, grandes compañías y bancos, no se puede decir que sea libre. Se trata de un mercado capitalista gobernado por la plutocracia, la élite financiera mundial que exprime con sus tentáculos a todos los demás, en un afán por establecer una dictadura de corte comunista con su "nuevo orden mundial", que significa una esclavitud total sobre el ser humano.

La culpa de esto la tienen los gobiernos que son los que imponen los criterios fiscales que favorecen a los más ricos. Si no, la élite no se hubiera impuesto de esta forma tan grosera ni hubiera conseguido esta crisis mundial que supone la oportunidad de muchos ricos para comprar empresas a precios de saldo y así aumentar los oligopolios y hacer caer las rentas y el trabajo de muchas personas. El punto clave analizado aquí fundamentalmente son los impuestos a los ricos. Por ejemplo en EEUU, antes de 1914 no había ningún impuesto sobre las rentas del capital y allí donde se creó, era anecdótico. Los impuestos de sucesión también eran mínimos. Desde 1945, aumentaron al 20 – 30 %, incluso más a veces, en la mayoría de los países capitalistas avanzados. En Estados Unidos, el presidente Roosevelt, en 1933, aumentó del 25 al 63 % el tipo marginal, el que se aplica a las rentas más altas. Este nivel se elevó al 79 % en 1937, luego en 1942, en plena guerra, al 88 %. Dos años más tarde, se ascendió al 94 %. Se estabilizó después de la Segunda Guerra Mundial en aproximadamente el 90 %. John F. Kennedy lo redujo al 70 % en los años 60, una tasa que se conservó hasta la llegada de Ronald Reagan como presidente en 1981, quien los redujo al 28 % durante la siguiente década. Y efectivamente, a pesar de que Reagan remontó la economía norteamericana entre 1981 y 1984, de los estropicios causados en tiempos de Richard Nixon y su cambio del sistema financiero con la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods y el ataque económico sufrido por algunos miembros de la OPEP a Occidente por la ayuda facilitada por EEUU a Israel en la guerra de Yom Kipur en 1973, lo que desestabilizó la economía mundial, Ronald Reagan sembró la semilla de la desigualdad en EEUU. Es una falacia creer que si concedes ventajas fiscales a los más ricos vas a conseguir mejorar a todos los ciudadanos. Como se puede ver, el conservadurismo de Reagan estimuló la economía, pero al final tras varias desregulaciones financieras, como la de Bill Clinton en 1999, consiguieron llegar finalmente tras el desajuste de los tipos de interés en la FED a la megacrisis financiera en 2007 - 2008. Nos hemos referido aquí a EEUU porque es el centro del capitalismo mundial y donde, hasta ahora, las crisis nos ha afectado a todos los países occidentales, expuestos al sistema financiero de banca central concentrado en varias familias con prácticas mafiosas que hilan y tejen lo que el gobierno hace para beneficiarles.

Medidas a aplicar para conseguir un mundo más justo y no tan desigual económicamente.

1) Desmontar las bancas centrales privadas de los Estados. Deben ser organismos públicos controlados por un ente estatal independiente del gobierno, como ya hemos argumentado previamente. La política monetaria de un país no puede caer en la élite financiera mundial que hace especulaciones sobre monedas nacionales (Soros, con la libra en 1992) y tiene intereses globalistas. La política monetaria la deben de llevar gente del Estado, elegida por el pueblo y no plutócratas que no tienen interés en dicho Estado más que para lucrarse al más puro estilo mafioso.

2) Gravar con un impuesto de patrimonio mundial a todos las personas que sean ricas, para que de esta forma, radique donde radique su domicilio o sus empresas, ese impuesto sea pagado, y no eludido o evadido como ahora. Ese impuesto debería ser elevado a una tasa como en la época narrada de F.D. Roosevelt, y llevarlo a cabo en todos los países por armonización fiscal entre naciones, que podría llevarse a cabo si hubiera realmente voluntad.

3) Prohibir mediante un acuerdo entre la naciones todos los paraísos fiscales para que las personas tributen en el lugar donde tienen domiciliada sus empresas, y de esta forma no seamos los más pobres e indefensos los que tengamos que pagar un Estado cada vez más cargante y asfixiante.

4) Separación de poderes REAL en los países democráticos para poder controlar, vigilar y supervisar con eficiencia todos los asuntos políticos e incluso las leyes que se debaten mediante el poder legislativo, pues los jueces son profesionales de carrera y competentes en su profesión, mientras los políticos son personas que son elegidas por el pueblo durante algún tiempo y puede que tengan un interés partidista o particular para emitir ciertas leyes que pueden promulgarse sin ser beneficiosas para el pueblo.

5) Aumentar el impuesto a las SICAVs equiparándolo al menos al de las pymes, para que así exista paridad en la contribución al fisco entre las empresas menos competitivas (pymes) y las financieramente más saludables y potentes económicamente. Este acuerdo deber ser entre los países para que al existir concordancia legal, no haya fugas de capitales ni de empresas, que es la excusa o "chantaje" que actualmente usan las grandes empresas para irse de un país, aparte de buscar costes esclavistas en otros países para lucrarse a costa de hundir economías nacionales, origen de esas empresas.

6) Meritocracia y aristocracia en las formas de gobierno democráticos. Intentar desvincular a los candidatos de los partidos para así conseguir que no existan grupos de partidos que intenten gobernar para su interés propio y tomen demasiado poder para sí. Los políticos deberían ser independientes de ideología y elegidos por el pueblo de entre una lista de candidatos que sería examinada, depurada y filtrada para que no entraran en el poder gente que ni están capacitadas ni tienen los recursos para ejercitarlo. Y ese control lo deberían ejercer gente proveniente de la justicia.

En definitiva, el 1 % de la población mundial no debería controlar más del 50 % de la riqueza mundial. Los distintos gobiernos mundiales han fallado, han construido un sistema que solo les favorece a ellos y a los megaricos. Este es el camino de la destrucción de nuestro sistema social en el que vivimos. Existe un camino alternativo que es aplicar las recetas que acabo de  mencionar para que el liberalismo benefactor de todas las clases sociales se imponga ante el actual capitalismo - comunismo de las élites que quieren mediante la complicidad de los gobiernos realizar la mayor esclavización que existe y es dominarnos con cualquier gobierno que salga elegido en las urnas.

En este blog nunca se ha hablado en favor del comunismo, de colectivizar, de expropiar a los ricos. Jamás pensaría así aún siendo un mendigo. Pero sí parece que existe una dictadura de los ricos que se ha impuesto no solo en China, sino en Occidente y donde no existe manera de competir, muchas empresas tienen que cerrar y el desempleo ha llegado a algunos países como España a niveles indecentes. Y esto es debido a que simplemente los gobiernos trabajan para los más ricos. Es una evidencia observable desde tiempos del ex-presidente Felipe González.

Si analizamos el período de 1944 a 1971, que es donde funcionaron los acuerdos financieros de Bretton Woods, los tipos impositivos a los ricos eran muy elevados y la clase media ascendió en todo occidente. Luego en los años ‘80 se criticaron las políticas keynesianas iniciadas por F.D. Roosevelt. Sin embargo, esto lo hicieron los ricos que aprovecharon la situación e incitaron a los gobiernos a cambiar de estrategia para revitalizar la economía, que no había sido capaz de despegar entre 1971 y 1981 con las políticas monetaristas de Milton Friedman. El ambiente económico de los ‘70 era de incertidumbre y la crisis se debió a la hegemonía petrolera de algunos miembros de la OPEP para intentar tumbar a los países occidentales de acuerdo a su entendimiento internacionalista con la ex-URSS. La reacción fue criticar toda la política de impuestos a los ricos como la culpable del estancamiento y la estanflación. Sin embargo, la Era Dorada del Capitalismo se desarrolló en ese ambiente (1944 - 1971), que es justo cuando los tipos impositivos al capital de los ricos en EEUU y otras naciones era elevado, salvo la década perdida por las dos circunstancias referidas de 1971 a 1981. El Estado del Bienestar se desarrolló y se fomentó el auge de la clase media. 

Por tanto, tiene que existir un clima que favorezca la adopción de estas  medidas por los gobiernos para salir de una crisis en la que se ha visto involucrada la excesiva avaricia de unos pocos en prácticas mafiosas de ingeniería financiera que han llevado a naciones enteras a sufrir repentinamente una crisis devastadora que, paradójicamente, les hace a ellos más poderosos y ricos, por lo que, queda claro que esta crisis ha sido orquestada por los propios ricos usando instrumentos claramente distorsionadores como es un mal tipo de interés durante bastante tiempo en la banca central más importante del mundo, la FED que cayó del 6,5 % en 2001, y en 2002 ya estaba por debajo del 2 % hasta llegar a buena parte del 2004 con el 1 %, hecho clave que marcó el inicio de las hipotecas basura y el predominio de las prácticas mafiosas financieras, al no disponer de mayores ganancias por el recorte abrupto del tipo.



martes, 16 de febrero de 2016

La Aristocracia en la Democracia es posible. Demostración

Aristocracia es una locución griega que viene de “aristoi” (“los mejores”) y “krátos-cracia” (“gobierno”).

Este vocablo tiene una acepción que arranca en las polis griegas y era el gobierno de los nobles de forma hereditaria.

Modernamente el término puede confundirse con los nobles y las clases altas. Sin embargo, en este escrito se va a tratar de llegar a la etimología del término: “gobierno de los mejores”.


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Hoy nadie pone en duda que los mandatarios anteriores al período de democracia parlamentaria en los gobiernos occidentales actuales no eran ni mucho menos los mejores. En realidad, salvo en períodos republicanos donde podían existir buenos gobernantes quizás, en los monárquicos, los gobiernos al ser heredados, no tenían ninguna garantía de ser buenos.

De hecho, uno de los mejores gobiernos de Roma lo realizó Octavio César Augusto, iniciador de la dinastía imperial y hombre bondadoso y bienhechor de su pueblo a partir de la victoria sobre su rival Marco Antonio. Pero queda claro que casi todos los sucesores, no solo no estuvieron a su altura, sino que gobernaron solo por tener linaje con el antiguo César, no por sus méritos ni valía, salvo contadas excepciones.

La Democracia hoy en día es aceptada porque el pueblo decide indirectamente a través de las urnas nombrar gobiernos que le represente en base a ideologías, propaganda política y promesas, la mayoría de las veces incumplidas. A la hora de la verdad, por lo menos en España desde tiempos de Felipe González, solo se ha observado cambios drásticos en las líneas programáticas, corrupción de todos los partidos con poder, realizar acciones encaminadas a favorecer al grupo (es decir, al partido) y observancia de compadreo con las grandes compañías y bancos del país para favorecerse mutuamente en pactos colusorios secretos.


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Las ideologías políticas son un engaño y una forma de atraer al electorado en democracia. En teoría, si nos paramos a pensar, incluso el comunismo puertas adentro de China representa la más bestial expresión del capitalismo (enriquecimiento de unos pocos, a partir del Partido Comunista Chino para explotar al resto). Y además, esta situación la han favorecido plutócratas financieros y grandes compañías multinacionales que han desplazado la producción a ese país y otros simplemente por reducir costes laborales y de producción. Por tanto, aunque aquí se ha defendido otro tipo de liberalismo, ya vemos que, tal y como está configurado el mundo hoy en día, el capitalismo y el comunismo son dos caras de la misma moneda. El capitalismo ha socavado en las naciones occidentales democráticas la capacidad de generar trabajo, ahorro y renta a las clases medias a través de crisis económicas continuas con una abismal separación entre ricos y pobres que se ha visto acelerada desde 1.971, cuando se implementaron las políticas macroeconómicas del monetarismo friedmaniano. El capitalismo actual intervenido por lobbies y grandes hombres de negocios nada tiene que ver con un liberalismo en mercado libre donde todas las empresas tienen idénticas oportunidades. Los gobiernos favorecen que las grandes empresas tengan contratos, ganen dinero, y estos favores son devueltos, como se dice hoy en día con “puertas giratorias” en los políticos, para que cuando dejen la política tengan un puesto de alto nivel, generalmente en una empresa energética, como todos sabemos.

La globalización solo ha significado el sueño de los grandes plutócratas financieros a través de sus bancas centrales, el dominio absoluto de la humanidad. La globalización no ha ayudado a los pobres a salir de su miseria. Además, ha perjudicado a las clases medias de occidente de una forma dramática tras deslocalizar producción por costes esclavistas. Solo ha sido un instrumento de las élites para dominar aún más, porque la codicia de un avaricioso es inconmensurable. Y ya desde 1973, David Rockefeller publicó en el New York Times tras su viaje a China para instalar allí el entonces Chase Manhattan Bank las “delicias de la China de Mao”, que nos hace entrever que el dinero no mueve al mundo por el buen camino, sino que solo lo hace por el del interés, la hipocresía y la destrucción de los modelos de sociedad benéficos para el hombre, como fue el período que abarcó de 1944 a 1971, donde realmente se practicó una política favorecedora de las clases bajas y medias, en el entorno de los países occidentales, a excepción de España imbuida en la autarquía y la pobreza hasta 1.957.




En cuanto a la farsa política de partidos, vemos ejemplos como el de Felipe González que al llegar al poder en el ‘82 prometía,  por ejemplo, el “no” a la OTAN, pero en menos de 3 años cambió su postura, defendiendo el “sí” en el referéndum. Seguramente tuvo una conversación con el incombustible Henry Kissinger…



Los políticos de partidos no desean el bienestar de la población sino el suyo y el de los acólitos, metiendo cada vez a más gente en puestos sin ningún valor simplemente para agradecer la pertenencia al partido. Esto es un problema para el ciudadano medio, porque esos sueldos improductivos salen del erario (del pueblo), y la única manera de costearlos es subir los impuestos para que algunos, bien acomodados sin merecerlo, tengan un puesto en el que literalmente no haga absolutamente nada. Un ejemplo. De todos es conocido que tenemos más coches oficiales que en EEUU. Bien, pues donde yo vivo, el ayuntamiento tiene dos chóferes para los políticos. Por lo que yo sé, los coches  oficiales se usan más o menos una vez al mes, si acaso, pero las dos personas cobran un sueldo de un mes. Y les aseguro que, por lo que sé, es un sueldo equivalente a un ingeniero actual con 15 ó 20 años de experiencia. Es tan solo un ejemplo del despilfarro donde si existieran políticos preocupados por el bien del pueblo y que velaran por el bienestar social racionalizarían ese sueldo inmerecido, prescindiendo de esos chóferes. Hay un estudio realizado por economistas que afirman que por cada persona que sale de un puesto de la administración pública se ganan 2,5 personas en la empresa privada. Existen demasiados políticos, asesores, enchufados varios y empresas públicas de las que había que prescindir para que España funcionase.

El sistema de partidos está en crisis porque no hay calidad democrática para valorar al candidato, y además se nos engaña reiteradamente sobre lo que realmente se va a realizar. El último gobernante, Mariano Rajoy, no se cansó en repetir en la campaña para ganar las elecciones de 2012 que “bajaría los impuestos”, después de haber criticado a ZP la subida del IVA de 2010. No faltaron dos meses para incumplir ese programa. Luego hizo toda clase de explicaciones con excusas injustificadas...



Bien, después de analizar que tanto los partidos políticos como las ideologías son un fraude para que cada vez las clases medias y bajas vivan peor, voy a describir lo que significaría un modelo de aristocracia dentro de la democracia.

En primer lugar, los ciudadanos se encargarían de presentar su candidatura para ser político sin estar amparados bajo el epígrafe de ningún partido. Es decir, cada candidato a político no se agruparía por siglas ni ideologías.  Un organismo judicial se encargaría de buscar de entre las candidaturas de aspirantes a políticos los idóneos en razón a la concepción aristocrática de mérito, para buscar a los mejores. Se requerirían unas aptitudes, cierto nivel cultural, un bagaje en la administración pública o en empresa privada, y todo ello de acuerdo al nivel de administración al que pudiera optar:  ayuntamientos, diputaciones, CCAA, Estado. Ese filtro, en definitiva, lo haría ese organismo judicial. Una vez filtrados, se denegarían candidatos por no cumplir las exigencias para optar a cargo público y se aprobaría el resto. En esa "purga", por ejemplo, Pablo Iglesias, no hubiera salido candidato para gobernar España sencillamente porque no tiene experiencia nada más que de docente de ciencias políticas, y las teorías no valen para gobernar sino la práctica y eso no le capacita para ser un gobernante. De los que estuviesen aprobados, se separarían por administraciones, de acuerdo a criterios de mayor idoneidad que serían definidos por el propio sistema. Una vez estuvieran todas las listas de los candidatos para una elección, se realizarían las votaciones por internet, accediendo a toda la información de los candidatos para elegir el pueblo de acuerdo a su parecer. Por supuesto que habría un período más amplio para este sistema de votación que el de un día electoral.



Considero que con este sistema en el que un organismo judicial filtrase a los candidatos no aptos para representación pública, nos ahorramos a políticos de partidos que únicamente tienen como mérito y valía estar ahí desde que llevaban pantalones cortos y haber estudiado una carrera sin ninguna práctica real en administrar y gestionar. Además que aseguramos procesos de selección que impiden que suceda lo que no ocurre en la empresa privada: que alguien, por ejemplo, ejerza de médico sin titulación. Eso ocurre en la política, donde abunda incluso el jeta que tiene "estudios de Derecho" y solo ha aprobado varias asignaturas de Derecho y le nombran Ministro de Fomento. Esta persona está claro que no tenía capacidad para estar en un ministerio, y sin embargo, un partido le aupó porque era del "grupo". Nos referimos en este caso a Pepiño Blanco, blanco de expediente académico también y de lo básico para estar en tal ministerio ¿?. Esa forma de gobernar de personas sin mérito y sin capacidad es la que me ha conducido a tener esta idea sobre otro sistema político mejorado respecto a la democracia actual, que deja mucho que desear.

De esta manera, se tendrían muchos candidatos, y seguramente se piensa que así no saldrían mayorías para gobernar. Pero es justo al revés. Ahora no se llega a acuerdos políticos porque existen  ideologías y partidos. Con este sistema, los gobiernos se formarían de acuerdo a la afinidad de cada representante político con el presidente en cada sesión a debatir, y no por otra circunstancia. Es decir, la oposición siempre existiría pero variaría dependiendo el asunto a tratar y la variabilidad de puntos de vista de los diputados. El candidato a presidente (o a alcalde, o a diputado provincial), no habría presentado una línea programática, pues se supone que un presidente está para hacer el mayor bien común a la sociedad y lo que hace es gobernar para el pueblo. Y esas necesidades son conocidas por el Consejo de Jueces, nombrados por mérito y carrera, no por políticos, quiénes serían los encargados de enumerarlas y dárselas al presidente de gobierno, siendo conocidas por todos y estos deberían seguir esa línea de actuación.  Quedaría de presidente el que más votos obtuviera, y como el resto de colegas “políticos” no tendrían nada que ver con el presidente, cada uno de los diputados estaría de acuerdo o no, en cada una de las leyes que fueran saliendo de su ejecutivo de acuerdo a razones lógicas y no partidistas. Luego no existe la oposición como tal. Siempre habrá diputados que se opongan y diputados que secunden las sesiones parlamentarias pero existiría la libertad de voto, al no existir "partidos".  En un ayuntamiento y en una diputación, exactamente igual.

Al no existir contacto previo entre el presidente y los ministros, realmente funcionarían como una empresa privada, optimizando las funciones de gobierno para mejorar al ciudadano siguiendo las directrices del Consejo de Jueces que tendrían las prioridades depuradas de acuerdo a las observaciones que ejerce el pueblo a través de buzones de internet y la propia consulta a organismos expertos en todos los ámbitos. Y como los políticos no tendrían ningún “grupito”, sería más difícil que las empresas intentaran comprarlos mediante corrupción, pues en este país generalmente se tiende a hacer "acuerdos a largo plazo" con los partidos, y por eso se ha mantenido el  bipartidismo hasta ahora, para siempre tener una alternancia entre los diferentes lobbies cercanos al poder.

Además, existiría un poder judicial efectivo que controlaría para su veto y/o corrección, si fuese necesario, cada ley emanada del Congreso que sería refrendada y ratificada por el Rey. En los ayuntamientos se controlarían los presupuestos mediante un juez permanentemente establecido para realizar asignación de servicios u obras y tomar un control anticorrupción. Y respecto a las Comunidades Autónomas, llegado a este punto, sería aconsejable su desmembración, para tornar nuevamente a un Estado centralizado con menor coste a los ciudadanos. Suprimir las CCAA supondría el relanzamiento de España como nación sin vertebrar gastos superfluos, no multiplicar el gasto público por 17 que ha colapsado a la economía hasta tal punto de no ser capaz de tener un nivel de desempleo normal de acuerdo a la media de la OCDE (en noviembre de 2015 superaba la media en 3,29 veces) y saber donde va el dinero público, como se gestiona, gasta y audita con total transparencia.



Este sistema no pertenece a la ciencia ficción. Simplemente sería hacer llegar la Aristocracia a la Democracia.

El sistema de control judicial estaría por encima de los poderes legislativo y ejecutivo y sería el encargado, en definitiva, de vigilar que la Ley y el Orden imperan en la política de acuerdo a una supremacía de este poder sobre los legislativo y ejecutivo que es necesaria para el buen funcionamiento de la política, libre de organizaciones políticas tendentes al despilfarro, a la corrupción y a la incompetencia e incapacidad sostenida con más gasto de asesores y chupópteros de la administración pública. 



 
Este candidato estaría descartado porque podría declarar la III Guerra Mundial (¡es broma, por mi parte!):

Mohamed, perdónale. Es que se le atragantaron los polvorones desde navidades y lo dijo con mala uva y perejil... 

Emilio El Moro - La vida sigue igual